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Los corazones de los tejineros llegan al cielo

La localidad lagunera celebra su día grande con la ofrenda a su patrón, San Bartolomé

29.08.2016 | 04:10
Los corazones de los tejineros llegan al cielo
Los corazones de los tejineros llegan al cielo

Naranja, blanco y amarillo. Piñas, peras y limones. Arriba, Abajo o El Pico. Tres colores. Tres frutas. Tres calles. Y un mismo fin, un mismo corazón: Tejina. Así ha sido durante un siglo y ayer los vecinos de la localidad lagunera demostraron que la fiesta sigue siendo joven. Es su día grande, la jornada en la que se rinden al patrón, San Bartolomé, con todo su arte. Emoción, muchísima emoción, y también risas y jolgorio fueron una constante en la plaza donde desde ayer y hasta esta tarde lucen los tres corazones.

Para los tejineros el día empezaba temprano. Desde primera hora de la mañana las sedes de las tres asociaciones fueron el centro de reunión para un rato más tarde partir directos al centro del pueblo, donde ya les aguardaba un nutrido grupo de público y la representación institucional. Corazones de fruta y pan sobre los hombros, los primeros en llegar a la núcleo de la fiesta fueron los responsables de la Calle Abajo.

Y así comenzó a teñirse de amarillo la plaza a la vez que el incesante repique de campanas de la iglesia apagaba la parranda que acompaña al corazón en su recorrido. Entre las cuerdas estaba Laureano Díaz, un tejinero de Abajo que según sus palabras lleva "toda la vida" participando activamente en la celebración de los corazones, que se desarrolla cada año en torno al 24 de agosto, efeméride del patrón de la localidad.

"Mi familia ha participado desde siempre en la asociación y ahora a mí me toca más la parranda, pero ya está mi hijo empezando a meterse en la confección del corazón", señaló Díaz, para insistir en que parte del éxito de este festejo tradicional se encuentra en el cuidado de la cantera. "Los más jóvenes se acaban enganchando porque les llama la atención sobre todo el pique del martes", argumentó el vecino de la Calle Abajo, justo antes de que un miembro de la Calle El Pico se acercara para bromear acerca de la tardanza en colocar su corazón.

Precisamente, los responsables del corazón de las peras fueron los segundos en recalar en la céntrica plaza de Tejina, con un ánimo que enseguida contagió al resto de los presentes. "¡Como El Pico no hay ninguno!", gritaron nada más colocar su corazón frente a la iglesia y con los aplausos del respetable como respuesta.

Y es que, a pesar del pique evidente de las tres calles que según cuenta se reproduce a lo largo de todo el año, al final la fiesta sigue adelante porque no pasa del vacilón y el cachondeo. Se aplauden unos a otros y entre bromas y sarcasmos incluso se animan. Al fin y al cabo comparten la devoción y la entrega por San Bartolomé.

Bien lo sabe Eusebio Hernández Perdomo, quien "defiende" el blanco de El Pico pero desde hace algunas décadas "veranea" en la Calle Abajo. Hasta allí se mudó y ya está casi integrado, salvo cuando llegan las fiestas. "Mi hijo me salió agrio", bromeó acerca de que el retoño forma parte del corazón amarillo, cuya fruta protagonista es el limón.

Aunque sea en otro corazón, Hernández valoró la implicación de su hijo en la fiesta, al igual que otros jóvenes porque según su argumento "aportan mejoras y pequeños matices" aunque puntualizó que "la evolución es incorporar esos detalles pero al final se mantiene la tradición, especialmente en la fabricación de los corazones".

De la evolución de la fiesta tienen mucho que decir Toña y Pelaya Hernández, dos hermanas que se criaron en Tejina hasta que en su adolescencia formaron parte de ese importante número de canarios que se vieron obligados a emigrar a Venezuela. Toña regresó a su tierra y ahora reside en Icod de Los Vinos mientras que su hermana mayor permanece en la Octava Isla. Eso sí, en agosto siempre que "la salud lo permita" tienen una cita obligada con San Bartolomé en el pueblo que las vio crecer.

Ahora rondan los 80 años pero las lágrimas asoman a su rostro cuando sale el santo para recibir la ofrenda y cuando entra su corazón, el de la Calle Arriba, llega a la plaza. "Son muchos recuerdos y es una emoción que no se puede explicar, se vive igual sentadas en el muro que formando parte de la fiesta", resumió Toña Hernández, quien recordó tiempos de niñez: "Cuando éramos pequeñas, el ramo de nuestro corazón se hacía en casa de mi abuelo y la verdad es que nuestras tías los hacían preciosos", comentó.

"¿Diferencias? Sí, claro que las hay porque ahora está todo mucho mejor hecho, pero los corazones antes eran igual de grandes y bonitos y el sentimiento era el mismo, que es lo importante", resumió la tejinera, quien volvió a emocionarse al explicar que fueron sus padres, ya fallecidos, los que la inculcaron a ella y a su hermana en esta fiesta. "Ella es más novelera", dice Pelaya, mientras busca a su nieta con la mirada entre una marea naranja, prueba de que la Calle Arriba acababa de llegar a su emplazamiento.

Una vez estuvieron los tres en la plaza, colocados frente a la Iglesia, se desarrolló uno de los momentos de más fervor para los tejineros: la ofrenda al patrón. Y mientras las manos vigorosas de los miembros de las tres asociaciones sostenían sus hermosas creaciones, una voz que reflejaba el sentir de todo el pueblo se dirigía a San Bartolomé.

Se recordó así como nació la tradición de los corazones como una forma de ofrenda al Santo para pedir por una buena cosecha. Un acto que se ha convertido ahora con el paso del tiempo en una de las tradiciones más relevantes y más particulares de Canarias y que mantiene la esencia eclesiástica de agradecimiento a la imagen por los favores recibidos o de plegaria por lo que debe acontecer.

"Es el orgullo de un pueblo", decía mientras tanto la voz que ejercía de reflejo del sentimiento tejinero, que se resonó al término de la ofrenda con un sonoro "Viva San Bartolomé y viva los tres corazones".

Restaba solo elevarlos en su posición en vertical, una tarea compleja en la que también existe cierto pique y que, aunque no lo parezca a juzgar por el cruce de palabras entre los integrantes, está engranada a la perfección. Al final quedaron los tres en su puesto, corazones que apuntan al cielo tejinero.

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