DOMINGO CABRERA PÉREZ
Fue un enamorado de su ciudad natal y un artífice del memorial más fecundo de incalculable valor para estudiosos e inquietos investigadores en esas labores de conocimiento del devenir palmero. Por motivo de un simple artículo publicado en el 2000 le comuniqué mi decisión y, entonces, me envió lo siguiente, que conservo celosamente, y que íntegramente transcribo: "11-11-00.Sr. don Domingo Cabrera. Santa Cruz de Tenerife. Querido amigo: Halagado por tu decisión de publicar en "El Día" las palabras que has escrito en mi honor quiero darte las gracias por ello aunque, sinceramente, no tenías que haberlo hecho pues sabes que no soy partidario del "relumbrón". De todas formas no te quito la idea sino obra según tu parecer y gusto, al propio tiempo que te expreso mi agradecimiento por anticipado. Tan reconocido como obligado queda tuyo con todo afecto, Jaime".
Sobran los comentarios, ya que sus palabras delatan su sencillez, bondad y espíritu de voluntariedad en el cometido de transmitir a los demás la amistad incondicional. Demostrada la estimación sentida, aunque su precaria salud le condujo a la última morada del Padre, es parte de unos derroteros insospechados del ser humano de tal calibre que le hizo merecedor de los honores concedidos. La jornada de la Inmaculada Concepción marcó una fecha efímera para recordarnos su devoción mariana. Su carácter religioso se acentúa por herencia de sus antepasados. El amargo sabor del ronco tañido de las campanas parroquial de El Salvador nos anunció la partida de aquel, que se iba con sus ilusiones, preocupaciones, sentimientos… Su presencia por los distintos rincones adoquinados fue el suspiro de cuantas personas lo compartieron. Cuando tuvo noción de lo que le rodeaba se paró a contemplar y a extraer conclusiones de este laberinto, que es la propia vida.