El islam radical en casa

Esta es una tragedia que no ha hecho más que empezar

24.03.2016 | 02:00

El islam está inmerso en una guerra fratricida, puesto que llevan matándose sunitas y chiítas (entre otras facciones) apenas se fue Mahoma al otro mundo, hace catorce siglos. Pero también está el islam en guerra desde entonces con quienes ellos denominan infieles, principalmente los cristianos, o, lo que es lo mismo, la civilización occidental (el motor del mundo, mal que les pese), puesto que para el musulmán radical tan infiel es el cristiano como el judío, el agnóstico o el ateo. Esa guerra de psicópatas asesinos que llamamos yihad cuenta con un ejército en Europa dispuesto a aniquilar a cuantos más europeos mejor, con el fin de causar el caos más absoluto, el mayor terror posible en la anestesiada población europea. Y esta hueste de miles de yihadistas se compone, en gran medida, de musulmanes nacidos en segunda y tercera generación en la tierra que les abrió las puertas de una calidad de vida ni siquiera soñada en sus países de origen. Esta circunstancia la han posibilitado los gobiernos europeos, manteniendo una política irresponsable de condescendencia con los intolerantes que llegan de lugares donde se persigue y asesina a cristianos por el mero hecho de serlo; donde se lapida a adulteras y ahorca a homosexuales; lugares en cuyas miles de mezquitas se proclama la muerte al infiel.

El gobierno del fallido estado de Bélgica –así denominado por Le Figaro no hace mucho, con toda razón– ha permitido, tras la más execrable dejación de sus responsabilidades, que Bruselas se haya convertido en el cuartel general de los terroristas islámicos en Europa, donde se refugian y organizan, haciendo del barrio de Molenbeekun búnker donde se sienten como peces en el agua. Esa misma Bélgica, por cierto, que permitía que los asesinos de ETA se refugiaran en aquel país, ignorando las reclamaciones de extradición por parte de España, la nación europea que más ha sufrido el terrorismo.

Creo que la política que los Estados Unidos de Norteamérica y Europa en su conjunto han mantenido con respecto al mundo islámico, en los últimos decenios, ha sido un completo desastre. Tanto que el nacimiento de Al Qaeda primero y Daésh después han sido favorecidos en parte, y sólo en parte, por aquellas pésimas políticas, fundamentalmente porque éstas acabaron con regímenes que tenían controladas a las más fanáticas facciones islámicas anti-occidentales, (defensoras a ultranza de la aplicación de la medieval sharia, entre otras cosas). No obstante, el terrorismo yihadista responde a una estrategia del más radicar islamismo, puesto que siempre ha sido para ellos un objetivo a alcanzar, sin prisa pero sin pausa, la invasión musulmana de Europa, que ya han comenzado con la descontrolada llegada de inmigrantes, de los que una minoría son refugiados reales. Esta cuestión la explica perfectamente el experto en la yihad David Garriga Guitart, autor del libro Yihad, ¿qué es?, de recomendada lectura.

El enemigo está en casa, en esos barrios de muchas capitales de Europa donde los radicales musulmanes campan a sus anchas; donde la policía religiosa ilegal vigila las buenas prácticas de sus fieles, ejerciendo un férreo control sobre la población musulmana; donde imanes fanáticos incitan a matar infieles; donde está ausente el estado de derecho, porque se ha establecido una mini república islámica.
¿O no es eso acaso Molenbeek, y más de ¡mil barrios! en ciudades europeas donde se exponen sin pudor y con absoluta impunidad carteles que advierten literalmente: "Usted está entrando en una zona controlada por la Sharia:reglas islámicas obligatorias".

Ya está bien de tanta política cobarde que practican los irresponsables gobiernos europeos. Ahora todos somos Bélgica y suena fúnebre música de violín, y multitud de políticos hacen manifestaciones de repulsa y de condolencia, demasiado manidas. Bien, ¿y mañana qué? ¿Cuándo se ejecutará un plan de defensa acorde con el gravísimo problema que nos asola, que seguirá costando vidas humanas? ¿Cuándo se perseguirá de verdad y expatriará o encarcelará a los radicales imanes que incitan a la violencia extrema contra el infiel, que a cientos, si no a miles, los hay regados por el Viejo Continente? ¿Cuándo se actuará haciendo un frente común contra el islamismo radical en nuestro suelo? ¿Seguirán permitiendo los gobiernos europeos que suceda lo que en Roma, donde los musulmanes que se agrupan cerca de la Piazza Venezia han reclamado esa zona como espacio exclusivo para su oración, siendo insultados e incluso agredidos, a diario, muchos italianos que por allí transitan? Valga como ejemplo, dado que esta circunstancia se repite en plazas y calles de Londres, París, Estocolmo, Berlín y muchas otras ciudades europeas.

Tenemos el enemigo en casa: miles de yihadistas, como los que perpetraron el atentado de Bruselas y el de París, además de los que se colaron a cientos con los últimos refugiados sirios. Atentados que son parte de una tragedia que no ha hecho más que empezar, si quienes pueden no trabajan en firme para ponerle remedio.

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