LOS NUEVOS FRENTES DEL TERRORISMO (Y 2), EL sAHEL

Al Qaeda crece en el desierto

La presión argelina ha llevado a la rama de Bin Laden en el Magreb, autora del secuestro de tres españoles, a instalar su santuario en Mali

 
Al Qaeda crece en el desierto
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EUGENIO FUENTES
Un antiguo proverbio de Mali afirma que «el oro viene del Sur, la sal viene del Norte y el dinero viene del país del hombre blanco; pero los cuentos maravillosos y la palabra de Alá sólo se encuentran en Tombuctú». La antigua ciudad africana ha perdido su esplendor de antaño, pero sigue siendo la puerta de acceso al desierto desde las sabanas del África negra. Un desierto, patria de los tuaregs, en el que hoy crece la rama del yihadismo que más directamente amenaza a Europa:Al Qaeda delMagreb Islámico (AQMI), o del Sahel, cuyas actividades han obligado, por ejemplo, a trasladar el Rally Dakar aArgentina y Chile.

Responsable del secuestro en Mauritania de tres cooperantes españoles el pasado noviembre, AQMI, que todavía los mantiene en su poder en alguno de sus santuarios del norte de Mali, es la rama del yihadismo que más deprisa se está desarrollando, según datos de la inteligencia de Estados Unidos.

Dirigida por veteranos combatientes de Argelia, tiene un campo de actuación principal, aunque menguante, en el norte de ese país –con Argel, la capital, por epicentro–, donde ha sido muy diezmada por el acoso gubernamental, el mismo que le ha impedido echar raíces sólidas en Marruecos y Túnez. Pese a ello, en 2009 mató a unos 120 militares y policías argelinos, aunque al precio de perder 200 hombres.

Como consecuencia de esta presión militar y policial, AQMI se ha refugiado en la región sur de Argelia y en las zonas limítrofes de Mauritania, Mali y Níger, todas ellas en el desierto del Sahel. Los tres últimos son estados muy pobres y semifallidos, cuyos ejecutivos no controlan amplias extensiones de territorio, convertidas en escenario de revueltas como la de los tuaregs malienses, etnia de unas 200.000 personas, cuyos jefes actúan como cómplices tácticos deAQMI.

Estos territorios sin ley carecen de cualquier presencia militar estable y en ellos ha establecido AQMI sus bases móviles –difíciles de detectar incluso por satélite– y sus cambiantes rutas de abastecimiento. Hasta allí acuden jóvenes yihadistas de Marruecos, Argelia, Túnez, Libia, Sahara Occidental, Mauritania, Mali, Níger, Chad y el norte de Nigeria, lugar de origen del autor del fallido atentado de Detroit.

Este flujo se refuerza, aunque en menor medida que en el caso de sus homólogos yemeníes, con curtidos combatientes de las guerras de Irak y Afganistán, y con jóvenes musulmanes llegados de Europa, en particular de España e Italia, y de Estados Unidos.

Aunque los recientes secuestros de turistas occidentales –doce en 2009, con un botín en rescates de unos diez millones de euros– son los que han puesto el foco sobre AQMI, su historia viene de atrás. La fundación deAQMI fue anunciada en septiembre de 2006, en el quinto aniversario del 11-S, mediante una proclama en la que se amenazaba directamente a España al incitar a la reconquista de Al Andalus.

Su origen está en el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC), un rescoldo de la guerra civil argelina de la década de 1990, que, tras complejas negociaciones, decidió jurar fidelidad a Bin Laden y adoptar, siguiendo el ejemplo de Al Qaeda de Irak, sus métodos de combate y propaganda, que no estaban presentes –en particular los atentados suicidas con desprecio a los civiles– en el terrorismo argelino.

Confluyen también en AQMI elementos del más débil Grupo Islámico Combatiente Marroquí, responsable de los atentados de 2003 en Casablanca, dirigidos contra intereses españoles y judíos, e involucrado, bajo la dirección de altos dirigentes de la Al Qaeda afgana, en los atentados del 11-M en Madrid.

AQMI ha encontrado en el Sahel no sólo unas bases relativamente seguras, sino también un caldo de cultivo religioso muy favorable, gracias a la expansión que conoce en la zona el islam wahabista, financiado por Arabia Saudí. Sólo hay que pensar que en Mauritania el número de mezquitas ha pasado de 60 a 900 en el curso de los diez últimos años.

Financiada básicamente con los secuestros de occidentales,AQMI ha sido relacionada también con el tráfico de cocaína hacia Europa.
Ambos datos, secuestros y cocaína, han permitido a EE UU ponerla en relación con las FARC colombianas, expertas tanto en rehenes como en narcotráfico.

AQMI perpetró su último gran atentado en Argelia en 2007, cuando voló un edificio de la ONU en Argel, matando a 30 personas. Pero desde entonces ha actuado más en el Sahel. Sólo en 2009, intentó volar la Embajada francesa en Mauritania, y causó varias decenas de muertos al Ejército de Mali. El pasado día 4 mató a siete soldados de Níger, perdiendo a nueve yihadistas.

Con todo, no es el balance de su actuación, salvo enArgelia, lo que más preocupa. Su peligro potencial mayor deriva de su situación geográfica, tan próxima a Europa, y de su capacidad de retroalimentación, ya que sus conexiones llegan hasta donde llega el Sahel: a Senegal, antiguo punto de arribada del Rally Dakar, por el Oeste, y a Somalia, a través de los islamistas sudaneses y etíopes, por el Este.

La misma Somalia, polvorín ingobernable, que actúa de retaguardia de Al Qaeda enYemen, el grupo hermano deAQMI que está detrás del atentado fallido de Detroit.

EL CALIFATO ISLÁMICO COBRA FUERZA

La inmensa repercusión mundial de los atentados del 11-S propició que el nombre de Al Qaeda –un grupo pequeño de muyahidines fundado en la década de 1980 por Bin Laden, entonces aliado de EE UU, para combatir a los soviéticos enAfganistán– pasara a aplicarse de un modo genérico a numerosos grupos yihadistas repartidos por todo el mundo.

En una simplificación grosera, EE UU y los medios de comunicación informaron a la comunidad internacional de que Bin Laden –una especie de Fumanchú o Doctor No musulmán– poseía filiales y campos de entrenamiento en 40 países, desde el Magreb hasta Filipinas. La realidad, puesta de manifiesto en los años siguientes por investigadores como Peter Bergen, Ahmed Rashid o Loretta Napolitano, es que, lejos de haber una red mundial de Bin Laden, había una galaxia de grupos con intereses no siempre coincidentes.

Así, frente a quienes, como Laden, predicaban el establecimiento de un califato rigorista en el conjunto de los países islámicos, estaban quienes, como Hezbolá o Hamas, sólo luchaban contra Israel y por la causa palestina, o quienes como los filipinos de Abu Sayyaf mezclaban secesionismo isleño con piratería.

En el seno mismo deAl Qaeda, las posiciones de Bin Laden, de cuya vida o muerte nada se sabe, no coincidían con las de su «número dos» y actual hombre fuerte del grupo, el egipcio Ayman Al Zawahiri, quien defendía los combates nacionales para deponer a los regímenes «corruptos».

Sin embargo, el prestigio alcanzado porAl Qaeda y los campos de cultivo que han representado desde 2001 y 2003 las guerras de Afganistán e Irak han hecho que la simplificación inicial haya ido acercándose a la realidad, en un proceso en dos tiempos.

En el primero, entre 2001 y 2004, cobró fuerza el concepto de Al Qaeda como franquicia: cada grupo yihadista era independiente, pero se beneficiaba de las directrices y la experiencia de los hombres de Bin Laden, además de tener acceso a sus bases de entrenamiento en las montañas que separan Afganistán de Pakistán.

El segundo tiempo vino propiciado por la invasión norteamericana de Irak en 2003, que convirtió al país en un destino atrayente para yihadistas llegados de todo el mundo. Así, en 2005, combatienes islámicos internacionales en suelo iraquí fueron agrupados en Al Qaeda de Irak por Abu Musab al Zarqawi, quien juró fidelidad a Bin Laden. Sobre este modelo, y siempre tras laboriosos procesos de negociación, se formaron en 2006 Al Qaeda del Magreb Islámico y, en 2009, Al Qaeda de la península Arábiga, ahora reforzadas por veteranos de Irak y Afganistán.

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