EFE | NACIONES UNIDAS
El presidente de EE UU, Barack Obama, volvió ayer a colocar el desarme en el primer plano de la agenda internacional, tras lograr que el Consejo de Seguridad de la ONU se comprometiera a redoblar la lucha contra la proliferación y promover la reducción de los arsenales nucleares.
La reunión sin precedentes del órgano de la ONU y presidida por Obama sirvió también para intensificar las diferencias con Irán sobre la naturaleza de su programa nuclear, que algunas potencias sospechan va dirigido a la obtención de armamento atómico.
En una breve alocución al comienzo de la reunión, Obama afirmó que la amenaza nuclear ha aumentado su complejidad y por lo tanto son necesarias "nuevas estrategias y actitudes".
La posición de Obama ante la crisis con Irán se vió reforzada por el presidente ruso, Dmitri Medvédev, quien expresó su disposición a apoyar nuevas sanciones contra Irán si continúa su programa nuclear, lo que representa un triunfo político para Obama, dada la reticencia de Moscú, durante años, por criticar a Teherán.
Por su parte, el presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, pidió con firmeza la imposición de sanciones más fuertes a Irán, con lo cual coincidió el primer ministro británico, Gordon Brown durante su alocución.
La Misión de Irán ante la ONU, por su parte, respondió de inmediato a las declaraciones de los dos líderes europeos, a los que acusó de señalar a Teherán para ocultar su propio incumplimiento del Tratado de No Proliferación Nuclear.
En tanto, durante su alocución ante la Asamblea General de la ONU, el presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, aseguró que su país está dispuesto a "participar" en la construcción de una "paz y seguridad duraderas" en el mundo y a "estrechar las manos honestas" aunque defendió, no obstante el programa nuclear de su país.