JAVIER MARTÍN-EFE | TEHERÁN
El régimen iraní endureció ayer la represión de las protestas con la intervención del cuerpo de elite de la Guardia Revolucionaria para impedir una nueva marcha opositora.
Según testigos, más de dos mil efectivos antidisturbios y milicianos islámicos Basij, armados con palos y barras de hierro, se desplegaron en la céntrica plaza de Haft-e Tir y sus alrededores donde se concentraron cerca de un millar de manifestantes.
Esos mismos testigos explicaron que las Fuerzas de Seguridad emplearon botes de humos y gases lacrimógenos para dispersar a varios centenares de hombres y mujeres vestidas de negro que gritaban "Alahu Akbar" (Dios es el más grande), siendo algunos de ellos detenidos.
Como en ocasiones anteriores, la información no ha podido ser contrastada por la prensa internacional, que tiene vetada la cobertura ´in situ´ de estas marchas.
La oposición iraní, que denuncia fraude en las elecciones del pasado 12 de junio, había convocado para ayer una nueva jornada de luto y protesta por la muerte, hace una semana, de ocho personas en una multitudinaria marcha en la emblemática plaza de Azadí, en el oeste de Teherán, y rendir tributo a la joven Neda, asesinada a tiros días atrás cuando al parecer observaba una de las manifestaciones con su padre.
Ayer, horas antes de que la manifestación arrancara, el cuerpo de elite de la Guardia Revolucionaria alertó de que se "emplearía a fondo" para evitar las protestas de la oposición.
En un comunicado divulgado a través de su página web, el citado cuerpo advirtió a los manifestantes que harían frente a "una dura respuesta de la Guardia Revolucionaria, de los (milicianos islámicos) Basij y de otras fuerzas" si proseguían con su intención de tomar las calles.
La presencia de la Guardia significa un paso adelante en la determinación del régimen de acabar con las protestas, ya que se trata del cuerpo más preparado y mejor armado de las Fuerzas de Seguridad iraníes, y su dirección depende directamente del líder supremo de la Revolución, ayatolá Ali Jameneí. De ellos depende, asimismo, los Basij, que desde hace días están desplegados por toda la ciudad, donde patrullan en grupos de motoristas.
El Consejo de Guardianes, órgano que debe validar los resultados, dio ayer parte de razón a los que denuncian fraude al admitir que en al menos cincuenta ciudades votaron más personas de las que estaban censadas, pero enseguida minimizó la importancia de este dato.