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JOAQUÍN RÁBAGO/ EFE Acosado por diputados de todos los partidos, que han encontrado en él a la perfecta cabeza de turco, Martin tuvo ya que disculparse públicamente el lunes por su papel en los intentos de ocultación de los abusos parlamentarios del dinero público, pero una serie de parlamentarios le desafiaron abiertamente a que dejara el cargo.
Un total de veintitrés diputados firmaron una moción de "no confianza" en su persona, y hoy finalmente Martin, primer católico que ocupa el cargo desde la reina María Tudor, la esposa del español Felipe II, arrojó finalmente la toalla con efecto del próximo 21 de junio.
Con su anunciada dimisión no acaba, sin duda el escándalo, pues cada día que pasa, y esto no parece que vaya a cesar, los británicos se desayunan con nuevas revelaciones del Daily Telegraph sobre cómo los parlamentarios de todos los partidos han diseñado estratagemas o se han aprovechado simplemente del sistema para lograr que los contribuyentes sufraguen sus gastos particulares, desde los más vulgares hasta los más peregrinos.
Reclamación de dinero por hipotecas ya vencidas, cambios de asignación de segunda residencia para embolsarse beneficios, segundas residencias que no eran tales, compra con cargo al presupuesto público de todo tipo de objetos, desde alfombras o sillones de masajes hasta simple tampones: muchos diputados no parecían conocer límites.
Ninguno de los tres partidos está limpio: los abusadores son de todas las edades y confesiones -los hay cristianos y musulmanes-, pero, según parece, son los diputados que se consideraban en circunscripciones más seguras quienes más han abusado del sistema.
Ni siquiera se salva la parlamentaria encargada de las relaciones del Parlamento con la Reina, una joven laborista de la que el Telegraph revelaba hoy que vendió un piso, compró otro a poca distancia y duplicó el importe de la hipoteca, pagada por los ciudadanos.
Un Parlamento cuyo anacrónico ceremonial no parece indicado para una legislatura moderna y transparente se ha convertido en "una cuadra de Augias", como lo han calificado algunos comentaristas, sin que aparezca de momento en el horizonte el Hércules capaz de limpiarlo.
En la mitología griega, "limpiar las cuadras de Augias" fue uno de los trabajos que los dioses encargaron a Hércules, consistente en limpiar las cuadras del rey de Élide que contenían 3.000 bueyes y que no habían sido adecentadas desde hacía treinta años.
Este fin de semana se supo que la siempre discreta Isabel II ha llegado a expresar en privado su preocupación por lo que está ocurriendo y el desprestigio que supone un pilar básico del sistema democrático.
En debates en los que han participado en los últimos días algunos diputados, los miembros del público se han encarado con ellos directamente y les han preguntado si creen realmente seguir mereciendo el apelativo de "honorables" en vista de tanto deshonor.
La mayoría de los parlamentarios que han incurrido en esos abusos echan la culpa al sistema y no reconocen la propia. Todo lo más se dicen dispuestos a devolver el dinero que cobraron indebidamente.
Los diputados "limpios", que los hay, están tan furiosos como el público porque saben que al final, como suele pasar siempre, en las próximas elecciones van a pagar justos por pecadores.
Aunque su partido no está ni mucho menos libre de pecado, el líder conservador, David Cameron, ha aprovechado el escándalo para reclamar un adelantamiento de las elecciones como medida higiénica.
El primer ministro, Gordon Brown, cuyo partido se ha hundido en las encuestas, querrá, sin embargo, retrasarlas hasta el próximo verano, a ver si hay un ligero asomo de recuperación de la crisis económica que pueda venderles a los electores.
Muchos de sus correligionarios, temerosos de perder sus escaños en la primera consulta popular, tampoco tienen prisa.
Y los principales beneficiarios de todo el desaguisado serán, a tenor de lo que indican las encuestas, los partidos pequeños, como los Verdes, el abiertamente antieuropeo UK Independence Party y el British National Party, que le supera porque a su anti-europeísmo suma la xenofobia y el racismo. Todo un panorama.
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