EFE
En un comunicado difundido en Nairobi, Ould Abdallah condenó los ataques contra las fuerzas del Gobierno de Mogadiscio, donde desde hace cinco días ha muerto al menos un centenar de personas y unas 20.000 se han visto obligadas a abandonar sus hogares.
"Debe haber un inmediato alto el fuego que acabe con los conflictos" en Somalia, dijo el representante de la ONU, que manifestó su apoyó al Gobierno de Sheikh Ahmed, que calificó de "legítimo", por lo que recalcó que "debe ser defendido".
"En vez de eso -insistió-, facciones irresponsables han atacado Mogadiscio en un intento de alcanzar el poder por la fuerza" y derrocar a Sheikh Ahmed, líder de la agrupación islámica moderada Alianza para la Nueva Liberación de Somalia (ARS), elegido presidente por el Parlamento Somalí en Yibuti el pasado 31 de enero.
Los enfrentamientos entre las fuerzas pro gubernamentales y grupos integristas islámicos radicales, entre ellos Al Shabab, al que EEUU acusa de estar vinculado a Al Qaeda, comenzaron el pasado jueves y prosiguen hasta hoy.
Estos combates son los peores que se han registrado en Somalia desde que las tropas etíopes, defensoras del anterior Gobierno Federal Transitorio (GFT), se retiraron del país el pasado 15 de enero, después de algo más de dos años de permanencia.
"El pueblo de Somalia ha demostrado claramente que está cansado de un conflicto en el que, una vez más, han sido asesinadas y desplazadas personas inocentes. No puedo entender por qué los somalíes siguen luchando entre ellos", dice en el comunicado el enviado de la ONU.
En su opinión, el proceso de paz que se ha desarrollado en el vecino Yibuti "aún sigue en pie y está abierto a cualquier grupo que quisiera sumarse a la paz y la estabilidad".
Al Shabab, grupo integrista que EEUU vincula con Al Qaeda, rechaza este proceso de paz al considerar que permite a fuerzas extranjeras intervenir en el país.
"Quienes han realizado esos ataques deben afrontar las consecuencias. Intentan continuar con las hostilidades y la anarquía que el país ha padecido desde hace dos décadas y, por ello, deben ser rechazados por la población somalí y por la comunidad internacional", agregó Ould Abdallah.
Somalia, un país de alrededor de ocho millones de habitantes, está casi en un constante conflicto desde la caída del régimen del dictador Siad Barre en junio de 1991.