EFE | PRAGA
La cumbre para poner en marcha la denominada Asociación Oriental con seis antiguas repúblicas soviéticas comenzó ayer en Praga con notables ausencias entre los jefes de Gobierno o Estado de la Unión Europea (UE).
De los principales países de la UE, sólo Alemania, por medio de su canciller federal, Angela Merkel, está representada en la reunión por su jefe de gobierno, mientras que Reino Unido, Francia, Italia y España están representados por sus ministros de Asuntos Exteriores.
Merkel aseguró a su llegada a la Cumbre que "al igual que cooperamos con los países del Mediterráneo, también es necesario desarrollar una cooperación con el Este".
"Una esfera de estabilidad al este de la Unión Europea" ha sido la forma con la que el saliente primer ministro Checo, Mirek Topolanek, presidente de turno del Consejo de la UE, ha presentado la asociación a los socios comunitarios.
La cumbre, convocada por la presidencia checa de turno de la UE para que Ucrania, Bielorrusia, Moldavia, Georgia, Armenia y Azerbaiyán se sumen a la iniciativa, busca mostrar a esos países que los Veintisiete tienen un interés crucial en esa región.
La UE ve esa región como la más próxima a sus fronteras junto a los Balcanes, y esos seis países -que tienen al lado al poderoso vecino ruso- afrontan momentos complicados de su política doméstica (como se acaba de ver en el motín militar de anteayer en Georgia) y además están gravemente afectados por la crisis económica mundial.
"Es en el interés común de Europa tener estabilidad en su frontera oriental", afirmó antes de la cumbre el viceprimer ministro del Gobierno y responsable Asuntos Europeos, Alexander Vondra, que indicó que la Asociación Oriental "no es un sustituto de la ampliación, aunque esas naciones no están listas para la integración", sino que surge "por la necesidad de llenar un vacío para la cooperación mutua".
Desagrado ruso. La cita también se celebra con los reparos de Moscú, que acusa a la UE de querer crear una "esfera de influencia" en la región ex soviética, algo que niegan insistentemente los comunitarios.
La representación de las seis naciones de la Asociación oriental es al máximo nivel salvo en el caso de Bielorrusia y Moldavia, los dos países con más déficit democrático de Europa.
La Asociación Oriental, aprobada en marzo pasado por la cumbre de jefes de Estado y Gobierno de la UE, es similar a la Unión por el Mediterráneo aprobada también el año pasado para dar un paso más allá en la cooperación de los países de la UE con la ribera sur mediterránea, y estará dotada con 600 millones de euros hasta finales de 2013 previéndose que funcionará a través de la puesta en marcha de proyectos conjuntos.
Los proyectos -en sectores como energía o infraestructuras- buscan fomentar la cooperación entre los seis países y no sólo entre éstos y la UE, además de que se abre la puerta a la participación de terceros, en una clara alusión a Rusia.
El camino hasta la cita no ha estado exento de baches: los seis países han insistido hasta el final en que la declaración incluya alguna referencia a su objetivo de que la UE elimine los visados que se exigen a sus ciudadanos para entrar en territorio comunitario, pero la UE ha mantenido sus reticencias, ya que teme un incremento de la inmigración ilegal por lo que la reunión de embajadores comunitarios en Bruselas que se celebró ayer acordó fijar en el texto que se trata de "un objetivo a largo plazo".