FERNANDO DELGADO
Esperanza Aguirre buscaba el sábado, entre la multitud que se manifestaba en Madrid con una parte de las víctimas del terrorismo, al ex ministro socialista José Bono. José Bono fue a una de esas manifestaciones y todavía se habla, sobre todo en los juzgados, del cálido homenaje que recibió. Y es que en una manifestación convocada con el noble propósito de estar todos juntos contra el terrorismo, que es por lo que Aguirre se puso exclusivamente en marcha -¿habrá quién lo ponga en duda?- no se podía entender que no estuvieran todos los demócratas, incluido Bono. Y Bono no estaba esta vez. Por eso, a Aguirre le extrañó la falta de unidad de los demócratas contra el terrorismo, cuando ella y su partido no han hecho otra cosa jamás que buscar esa unidad, pacíficamente y sin grescas, juntos como una piña con todos los partidos políticos. Si la manifestación hubiera ido contra el Gobierno, o hubiera sido un acto partidista de campaña electoral, si se hubiera dedicado a insultar a Zapatero y a pedirle que se vaya, empleando una vez más el terrorismo con desvergüenza para la contienda partidista, se entendería que el gobierno y el PSOE no estuvieran allí. Tampoco hubiera estado Esperanza Aguirre, ella no se presta a eso. Pero habiendo sido la concentración un reconocimiento a los éxitos en la lucha contra el terrorismo, y una manera desinteresada de acompañar a unas desinteresadas víctimas, le resultó sorprendente a la presidenta de Madrid que el PSOE y el Gobierno no acudieran para recibir, como Bono, con satisfacción, los gritos de respetuoso halago que se le dirigieron a Zapatero. No sé si me equivoco, pero cuando muchos ciudadanos de este país se echaron a la calle, con nuestra participación en la guerra de Irak como argumento, allí estaba en cabeza Esperanza Aguirre, recogiendo el apoyo de la ciudadanía al líder de su partido que había tenido el indiscutible acierto de ir a la guerra como Mambrú. Eso la legitima para pasar lista ahora y lamentar no poder ir al menos del brazo de José Blanco, ya que a Zapatero sí tenía que disculparle su ausencia por otros compromisos, del mismo modo que los tenían esta vez José María Aznar y Mariano Rajoy. Pero Rajoy hizo un llamamiento para que nadie dejara de manifestarse con la causa nada partidista de la AVT, mientras que Zapatero se abstuvo de convocar a los suyos a manifestarse contra ellos mismos, que por raro que resulte es lo que echó en falta Esperanza Aguirre. Primero, porque ella no tiene nada contra el masoquismo, y segundo, porque si los socialistas no son masoquistas, el manso Zapatero sí parece dispuesto a poner la otra mejilla. ¿Por qué no fue el sábado a la manifestación a ponerla? Eso es lo que se pregunta Aguirre ahora ante la ausencia de los socialistas en una manifestación tan bien intencionada. Esta gente confunde mucho a los ángeles con los truhanes.