ELFIDIO ALONSO
Ya hemos dicho que los judíos que fueron expulsados de España por los Reyes Católicos, mediante la promulgación de un edicto con fecha de 31 de marzo de 1492, llegaron a guardar con celo la cultura española. Gracias a ellos muchos romances pudieron ser conservados en los núcleos poblacionales donde se asentaron, especialmente en el norte de África y en diversos países de la Europa oriental.
La mayoría de los estudiosos estima que los romances son creaciones de tipo narrativo que nacen en la segunda mitad del siglo XIII, como partes desgajadas de los Cantares de Gesta, tras confluir con los poemas líricos de los trovadores y juglares. Romances incipientes que se transmitieron de forma oral, de generación en generación, siempre expuestos a continuas alteraciones por parte de los comunicantes y cultivadores. Fue a partir de finales del siglo XV cuando, con la aparición de la imprenta, se fueron fijando las tramas y los argumentos de los romances, hasta alcanzar la categoría de género culto, debido especialmente a las primeras colecciones publicadas en Cancioneros y Romanceros, como la ya citada Silva de Romances de Zaragoza, de 1551.
En el caso de Blancaflor y Filomena, que no figura en las colecciones más antiguas, se supone que fue incorporado al repertorio sefardita con posterioridad a la expulsión, como ha intuido Susana Weich-Shahak. A pesar de ello, conviene no descartar que los judíos españoles lo hubiesen conocido durante su estancia en la Península, ya que se trata de un argumento de origen erudito, basado en una leyenda griega que Ovidio incluyó en su Metamorfosis, con el siguiente nudo argumental:
"Tereo, rey de Tracia, casado con Progne, deseaba a su cuñada Filomena, a la que viola más tarde, le corta la lengua y la mete en prisión. Pero ésta consigue comunicarse con su hermana mediante un lienzo pintado que registra sus calamidades y desdichas. Las dos hermanas traman su venganza, dando muerte a Itis, el hijo de Tereo, cuya carne le sirven al padre durante una cena. Luego se dan a la fuga y se transforman en ruiseñor y golondrina".
La profesora Weich-Shahak, incansable rastreadora del romancero sefardí, ha recogido tres variantes en su valioso estudio sobre los romances encontrados en Marruecos. A propósito de Blancaflor y Filomena, dice: "Es indudable que gran parte de los romances que constituyen el repertorio de los sefardíes fueron llevados con ellos al partir de tierras hispánicas, y que eran parte del repertorio poético musical de los judíos durante su estancia en la Península. Por ello, no es de extrañar que muchos temas romancísticos se den tanto en la tradición oral de los sefardíes de Marruecos, como en la de los de Oriente".
Y tras comparar unos y otros, descubre que existen coincidencias temáticas y musicales entre las versiones marroquíes y las recogidas en Turquía, Grecia, Bulgaria y Yugoslavia, para deducir: "Comparando ambos repertorios, observamos una coincidencia temática, entre otros, en los siguientes romances: Blancaflor y Filomena... (...) muchos de ellos con absoluta semejanza en la formulación de los textos, pero con mayor diversidad en sus melodías".
Las tres versiones recogidas en Marruecos llevan partituras musicales muy semejantes, en compás de 4 x 4 y una línea melódica casi común. El arranque de las dos primeras también resulta una copia: "Ya se sale la leona / entre la paz y la guerra, / con sus dos queridas hijas, / Blancaflor y Filomena". Las dos fueron recopiladas en Alcazarquivir, mientras la tercera – que carece de desenlace– pertenece al prodigioso archivo de Alicia Bendayan, de Tetuán.
Citemos, por último, la variante procedente de Esmirna (Turquía), incluida en el libro-disco Los judíos en Aragón, magnífico trabajo musical de Eliseo Parra y Adela Rubio (Gobierno de Aragón, septiembre 2001), que lleva el siguiente comienzo: "Vengas en bonhora, mi yerno, / vengas en bonhora, mi rey"... Tanto los versos como la melodía parecen rezumar mayor arcaísmo que las variantes procedentes de Marruecos, que se nos antojan más modernas y recientes. Destaca el laúd renacentista de Xavier Díez, así como el acompañamiento de sacabuche y la primorosa voz de Adela Rubio. Un disco muy recomendable.