DIANA GONZÁLEZ MENDOZA
Caer en la doble moral en la actualidad es relativamente fácil. Inmersos en lo políticamente correcto pululamos por el mundo; o más bien, dependiendo de donde nos encontramos somos, sentimos y nos comportamos de una forma u otra. Pero, ¿significará esta variedad, esta pluralidad de miradas dependientes del lugar y del momento, un avance, una evolución?, ¿será realmente adaptativo? ¿Nos lleva alguna parte? ¿O nos hace dar rodeos sobre un mismo punto?
Más bien creo que ese esfuerzo poco sincero de aceptación y respeto al otro sólo alimenta el rechazo, la intolerancia y en última instancia, el odio profundo que nos corroe el alma. Y hoy por hoy, al tratarse de una farsa "correcta" y continua, en muchas ocasiones, tenemos el ser manchado de los grises del resentimiento.
Sin excluirme de tal proceso, tan natural y humano como la propia vida, denuncio la heterofobia. Denuncio el maltrato al que estamos sometidos quienes no tenemos parejas del mismo sexo y nos acercamos por algún motivo al mundo gay, de lesbianas, transexuales y bisexuales. Da igual lo que sientas, lo que pienses, incluso si te sientes o no del gremio, su odio les puede más. Se vengan por los que han sido humillados, ridiculizados, maltratados o asesinados; les recuerdas al papá o a la mamá freudiana y les provocas el más profundo de los desagrados que disimulan como pueden. Disfrazan de victimización la propia inaceptación; y los demás recibimos desencajados las muestras de grima y repudio. Siendo nuestro único delito cometido el hecho de tener pareja de otro sexo. Mayor agravante se origina si además eres mujer; la misoginia se realza cada vez con más descaro mientras cientos de mujeres mueren por el único hecho de serlo. Encontrar un local "only man" por los lugares de ambiente es algo frecuente, una agresión ya no a la orientación sexual sino a la condición sexual, un verdadero disparo al ser.
Aniquilan su propio argumento y no se dan cuenta. Reclaman la igualdad y no la ejercen. Piden respeto y no lo tienen con quién no comparte su opción sexual. Hablan del futuro plural y no contribuyen en lo más mínimo a él. Se piensan trasgresores y en realidad no hacen nada nuevo sino que caen en la réplica a la inversa de discriminar a los que no son iguales.
Es una verdadera lástima entender que no se ha avanzado, que seguimos siendo seres sociales, sí, pero en el mismo punto desde hace mucho. El punto de los prejuicios, de la emocionalidad mal encauzada hacia las vísceras que no permite el razonamiento claro del verdadero respeto al otro, del verdadero amor.