JOAQUÍN CATALÁN
La respuesta es muy clara: no. Al menos, la inmensa mayoría de los responsables políticos de Coalición Canaria abogan por una Comunidad Autónoma con mayor capacidad de autogobierno, con más competencias y con la Constitución Española de 1978 y con el Estatuto de Autonomía como guías para alcanzar la libertad, justicia, progreso, paz y convivencia que ansían todos los canarios. Soy consciente de que algunos dirigentes nacionalistas –pocos– han flirteado con ideas soberanistas, y que las juventudes enarbolan banderas más atrevidas, pero la generalidad de sus miembros optan por la sensatez y el propio ideario del partido guardó en gaveta segura los deslices separatistas. Lo que sí se puede achacar a los nacionalistas es su tibieza, su ambigüedad, a la hora de condenar posturas extremistas, algo que sí hacen socialistas y populares con voz alta y clara, o editoriales temerarios que persiguen la confrontación entre islas y el caos del Archipiélago. Sin embargo, cuando el Parlamento de Canarias decidió reprobar la línea editorial de El Día, periódico independentista de la mañana, los tres grandes grupos parlamentarios –CC, PP y PSC-PSOE– rubricaron el documento.
Esta misma semana, el presidente del Gobierno Autónomo, Paulino Rivero, afirmó en la Cámara que cree en una Canarias como una tierra donde sus habitantes tengan oportunidades de trabajo, que pueda gestionar sus puertos y aeropuertos, donde el mar que nos rodea sea de los canarios, donde se respeten los derechos históricos, que tenga más capacidad de autogobierno y, en definitiva, una Canarias con más oportunidades. Todo ello, lógicamente, dentro de la legalidad vigente. Recalco estas declaraciones del presidente porque el editorialista de El Día insiste en que Rivero es el único hombre capaz de capitanear una nación canaria, ajena al Estado, libre e independiente. Incierto, las ideas del líder nacionalista marchan por otros derroteros, como las de la mayoría de sus correligionarios y de los integrantes de los restantes partidos políticos. Sólo uno, el Movimiento Patriótico de José Luis Concepción, clama por la independencia. Que se presente a las elecciones y en diez minutos escrutamos sus votos.
Un juego peligroso
Azuzar ideas independentistas es un juego peligroso en tiempos de crisis, pero el pueblo canario es maduro, sensible y sensato, y les da la espalda. El trabajo desde y por las Islas, el diálogo y entendimiento con el Gobierno del Estado, y el encaje perfecto en la Unión Europea son las únicas armas válidas para superar las adversidades y para tomar el tren del progreso y del desarrollo. El del futuro.
Quien intenta envenenar al pueblo, quien amenaza desde su tribuna, quien insulta a los cuatro vientos, quien escenifica su alienación y la pretende contagiar, quien grita sin argumentos, es el único culpable de la división, del enfrentamiento, del fracaso... Pero la fuerza de los más de dos millones de canarios que tenemos la suerte de habitar las Islas es muy superior a su enajenación.
Fíjense: "Canarias sufre una invasión de africanos de raza negra pura, salvo casos de sida o enfermedades contagiosas, la cual prima sobre la blanca en caso de mezclarse"; "Los peligros son muchos: pérdida de identidad, pérdida de puestos de trabajo...; salud en precario, delincuencia al aire libre y con sol..."; "No podemos callar nuestras ideas para ocultar que Canaria –Gran Canaria– rapiña lo que poseen las demás islas..."; "Sus imitaciones no llegan al nivel mínimo para no hacer el ridículo y las fiestas que se inventan, La Rama, las sardinadas, etcétera, carecen de cualquier tradición"; "Los ataques de la hez del periodismo canarión, del procanarión de Tenerife. La inmundicia del periodismo nos detesta por la posición que ocupamos en difusión"... Son frases del editor de El Día para herir al Archipiélago, para enfrentar a los hermanos, para hundir las Islas en el fondo del océano. ¿Qué vamos a esperar del autor de frases tan horrorosas, que me da náuseas hasta transcribir? Son más propias, como dijo un día un buen periodista en televisión, calcadas del ideario de Adolf Hitler, de Mein Kampf.
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