LUIS COLA BENÍTEZ
Como vimos en el Apunte anterior, José Sansón no llegó a tomar posesión del cargo de alcalde, por lo que a partir de julio de 1909 las sesiones fueron presididas por los tenientes de alcalde Juan M. Ballester y Remón, Juan Martí Dehesa o Ángel Crosa y Costa y, en alguna ocasión, José Hernández Alfonso. Dos semanas más tarde el gobernador civil comunicó que José Sansón quedaba exonerado por motivos de salud y de edad, al tener más de sesenta años, pero hasta el mes de diciembre no se recibió la conformidad oficial a su renuncia, acompañada por el nombramiento de un nuevo alcalde.
En esta situación, el primer teniente de alcalde, Juan M. Ballester, pidió cinco meses de licencia, entregando la jurisdicción al segundo, Juan Martí Dehesa, quien se ocupó de su cometido con total dedicación, hasta el punto de que, transcurridos un par meses, en la sesión del 22 de septiembre, después de rogarle que se ausentara de la sala, la mayoría de concejales presentaron una moción para pedir al gobernador civil que fuera nombrado alcalde por R. O., y solicitando el apoyo del capitán general, diputados y senadores, lo que se aprobó por unanimidad. No obstante, en la sesión siguiente algunos concejales republicanos expusieron que no consideraban democrático pedir el nombramiento por R. O.
En estos años dos importantes asuntos ocupaban al Ayuntamiento: volver a poner en marcha la perforación del túnel de Roque Negro-Catalanes, conduciendo sus aguas a la ciudad, y solucionar definitivamente la ubicación del nuevo cementerio, por ser totalmente imposible continuar los enterramientos en el de San Rafael y San Roque. Se aprobó el pliego de condiciones para un empréstito de 398.000 pesetas, pero la comisión permanente de Hacienda lo consideró insuficiente y presentó un informe para aumentarlo hasta 700.000, importe que se estimaba mínimo para cubrir las obras citadas. Al propio tiempo, la comisión proponía rematar mediante subasta los siguientes impuestos y arbitrios: Consumos, cuota y recargos, 592.758,76 pesetas; Arbitrios sobre vinos espumosos y similares de más de 16º, 44.000; Arbitrio del Matadero, 100.000; Arbitrios del Mercado, 75.000; Arbitrios extraordinarios, 188.241,24. En total, un millón de pesetas. En octubre se debatió el presupuesto para 1910, cuyo capítulo de gastos ascendía a 1.809.399 pesetas y el de ingresos 1.621.158. El déficit se cubría con los arbitrios extraordinarios ya señalados.
Antes de finalizar el año el divisionismo volvió a hacer acto de presencia al tenerse noticias de que el Gobierno estudiaba un proyecto de descentralización y se telegrafió a diputados, senadores y presidente del Consejo de Ministros previniendo perjuicios, pero poco después se supo que el proyecto de decreto estipulaba que el gobernador civil debía residir seis meses en Santa Cruz y seis meses en Las Palmas. Se cursaron telegramas de protesta y se organizó una manifestación, que presidida por el Pendón de la Ciudad visitó al gobernador civil y capitán general para exponerles las quejas de la corporación, se pidió el cierre del comercio y, de regreso a las casas consistoriales, continuó la sesión constituida en permanente. Se continuó debatiendo medidas para contrarrestar el proyecto de descentralización y se acordó, si fuera necesario, desplazar una comisión a Madrid.
Se trataba por entonces de mejorar algunos aspectos de la ciudad. Por ejemplo, el exconcejal José Acuña Trujillo rogaba al arquitecto municipal que acepte el donativo de una fuente-figura ornamentada con destino á lo jardines que se construyen en la plaza de la Iglesia. Se propone estudiar y poner en marcha el ensanche de la ciudad. Se autoriza a la alcaldía a emprender el acerado de los frentes de los edificios por cuenta de sus propietarios, así como conceder un último plazo para el cerramiento de solares sin edificar o se hará con cargo a sus dueños. Este aspecto del vallado de los solares no deja de tener su gracia, pues mientras que el Ayuntamiento apremiaba a los propietarios, la corporación incumplía su propio mandato, como se evidenció cuando el Dr. Guigou pidió que se cerraran los solares junto al Hospitalito que eran de propiedad municipal. También, cuando se supo que Obras Públicas iba a adoquinar la Rambla Pulido, se acordó pedir la cesión de dicha vía –carretera de La Laguna-, desde la plaza Weyler hasta el puente Zurita, una vez finalizara la obra. Sin embargo, por deficiencias observadas en el alquitranado de la calle San Miguel, se aplazó el de San Antonio hasta disponer de informes técnicos. También se conoció entonces que el Ministerio procedería a adoquinar la carretera de San Andrés hasta Paso Alto, vía a la que pomposamente se le solía denominar como "carretera a Taganana", evienciando más un deseo que una realidad.
Y mientras se estudiaba la construcción de un nuevo matadero, puesto que la Compañía Eléctrica pedía se le vendiera el solar que ocupaba para ampliación de su fábrica, el concejal Antonio Delgado Lorenzo denunciaba la existencia de cerdos en lugares contiguos al Palacio municipal, y pedía que fueran desalojados y que se obligara a sus dueños a ubicarlos fuera del casco de la población, petición que se reiteraba cada cierto tiempo sin que, por lo visto, se viera atendida debidamente.