RED DE OPINIÓN "AVANTE CANARIAS"
Alguno de los movimientos alternativos que están contra cualquier obra pública mínimamente importante en Canarias se han sumado ahora a la convocatoria del llamado "Día sin compras", anunciado para el próximo mes de diciembre
Pocos pueden estar contra las campañas informativas que animan a la compra responsable; y más en estos tiempos de necesaria austeridad. Pero afirmar que la mejor forma de hacer responsablemente algo es no hacerlo ilustra muy bien el sinsentido que preside algunas actuaciones.
No hacer nada. La cultura del No. "Paren el mundo que yo me bajo" era la expresión de hace años de los que querían excluirse de una época que no les gusta. Paren el mundo. Eso es lo que le ha ocurrido a uno de cada cuatro trabajadores canarios y a uno de cada cinco españoles. Y algunos siguen empeñados en que las ventas decaigan como la mejor fórmula para arreglar las cosas. Posiblemente no tienen problemas para llegar a fin de mes ni sienten sus pensiones amenazadas.
Cuando en los mejores años noventa se inició esta campaña del "Día sin compra" podía resultar hasta simpática. Hoy casi suena a humor negro, tanto para los parados que no pueden acercarse a los comercios cada vez que quisieran como para los comercios que han visto como se desmoronaban sus ventas en los últmos quince meses.
Campañas de este tipo suenan hoy, más que nunca, a un izquierdismo de cuello blanco, empeñado en mantener las viejas prácticas antisistema; sin pararse a pensar un instante en los profundos cambios que todo el planeta está experimentando.
Hay una alta coincidencia en atribuir a las grandes corporaciones financieras la mayor responsabilidad en esta crisis, porque se endeudaron y prestaron sin medida para ganar sin límite. Pero a este tipo de movimientos alternativos nunca se les ocurrirá el disparate de convocar el "Día sin crédito". Porque el problema ahora es el contrario. Se ha pasado del exceso al defecto. Y ese mismo fenómeno recorre casi todos de los rincones de la economía.
En este escenario, plantearse un "Día sin compras" tiene tan poco sentido como pensar que Canarias puede progresar deteniendo la ampliación de las infraestructuras que nos hagan competitivos, que favorezcan la movilidad, que nos saquen del aislamiento y que nos conecten con el mundo.
Oponerse a puertos, carreteras, pistas de aeropuertos (y ahora trenes) ha estado de moda muchos años. Y bien puede afirmarse que de esas lluvias proceden parte de nuestros actuales lodos. Realizar grandes inversiones en medidas correctoras que permitan el mínimo impacto medioambiental de esos proyectos no ha hecho hasta ahora desistir a los colectivos que apuestan por pararlo todo de cualquier manera, por cualquier procedimiento. Algunos de ellos lo hacen con el propósito de agudizar la crisis ("profundizar en las contradicciones del sistema") para tratar de conseguir un nuevo orden que surja del completo hundimiento del viejo.
Antes se hacía abierta y directamente apelado al hombre, apelando a la mayoritaria clase trabajadora. Hoy se hace apelando a la protección plantas. Aunque no a todas. Los más puristas del "Día sin compras" reniegan de la compra de flores y animan a plantar hortalizas en los tiestos de cada casa. Eso sí son soluciones. Rescatadas de un pasado lejano al que están empeñados en dirigirnos.
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