Mª JOSÉ HERNÁNDEZ GARCÍA
De vez en cuando es aconsejable hacer algo de memoria, ésa que ahora por moda se adjetiva "histórica". El Sáhara Occidental (antiguo Sáhara español) es una extensa planicie árida situada al noroeste de África que limita con Marruecos al norte, al este con Argelia y Mauritania y al sur con Mauritania. Es el Aaiún su asentamiento más importante. El Gobierno de España otorgó a este territorio la categoría de "provincia" en 1957. Y ello comportaba, no olvidemos, tener un carné de identidad español, pasaporte español y la nacionalidad española.
Es cierto que en 1966 el comité de descolonización de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) planteó a España la independencia del Sáhara. Un año después el gobierno español accedió a organizar un referéndum para la autonomía de la zona, pero las disputas entre Marruecos y Mauritania lo retrasarían. Es verdad que España reprimió los brotes de la lucha "anticolonialista" encabezada por el Frente Polisario pero también recordamos que éste fue ayudado, pertrechado y alentado por Marruecos con el objeto de "quemar" al gobierno español para que cediera sus posiciones en el Sáhara. Las minas de fosfato tricálcico de Bu-Craa, de las más ricas del mundo y abundancia piscícola del litoral saharaui servían, a su vez, de "acicate" a Marruecos. El rosario de ataúdes con compatriotas que entraban a los aeropuertos militares españoles era incesante. Algunos de ellos portaban cadáveres de canarios. Allá quedaron el trabajo, las construcciones, los impuestos y las ilusiones de muchos nuestros.
El Tribunal Europeo de la Haya y la ONU empujaron a Hasan II a tomar la iniciativa, que cristalizó en la "Marcha Verde" en noviembre de 1975; el mismo mes y año en el que se firmaba un acuerdo entre Marruecos, España y Mauritania por el que nuestro país cedía, al completo, todas sus ocupaciones en el Sáhara a favor de los otros dos. El total abandono culminaría en febrero de 1976. El Frente Polisario quedó fuera. Es Éste el que entonces, por sus cuenta, proclama la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) y opta por una guerra abierta contra los otrora "aliados": comienzan los ataques a las ahora nuevas posiciones marroquíes y mauritanas. Se sabotearon los yacimientos de fosfatos, el ferrocarril minero y hubo guerrilla en el desierto. Mientras, emergía un nuevo aliado del Polisario, Argelia.
La ONU, desde 1978, ha mantenido una postura ambigua. Por un lado, reconocía el derecho a la autodeterminación al tiempo que defendía la creación de un comité ad hoc para alcanzar "un acuerdo de reparto pacífico y justo". Se impidió la entrada a la activista saharaui por negar la nacionalidad marroquí en el aeropuerto de El Aaiún; pero mientras no declare la independencia saharaui y ésta sea reconocida primero por Marruecos, es esa la nacionalidad que corresponde, aunque disguste o repugne.
Marruecos pediría ayuda a España en el asunto de la activista. Es lógico: no deja de ser nuestro vecino por el sur. Y por ello siempre habrá que escucharlo ¿Y por qué no acudió a otro Estado? Esa respuesta la tendrá Marruecos y, tal vez, España. Ahora bien, no se puede ignorar que la activista disponía de tarjeta de residencia en España concedida por "razones humanitarias". España ha ofrecido a la interesada dos posibilidades para regresar a su casa. En su mano está aceptarlas o no.
Está bien solidarizarse con los oprimidos, fotografiarse, besarse, abrazarse, protestar por su situación y luchar por su causa. Ahora bien, hay que tener claro contra quién se va. Si el que ocupa es Marruecos, dirijan a él todas sus reivindicaciones y el reconocimiento de la nacionalidad saharaui. Acudan a los Organismos internacionales y recaben sus apoyos. Hace 34 años que España no es responsable.