DOMINGO J. JORGE
El aplaudir lo que se hace bien, cuando se hace bien, y el valorar en su justa medida lo que se hace mal, cuando se hace mal, es una de las finalidades que conlleva la opinión. Es por eso, por lo que yo escribí el pasado mes de julio un comentario al que titulé "El Ayuntamiento de La Laguna deja huérfana a su Escuela de Música". Eran momentos de desconcierto, en los que no se sabía cómo podría acabar la Escuela. Debo considerar hoy que ese mismo consistorio y el equipo no sólo de docentes, sino administrativo que trabaja dentro de ella, han cumplido cómo se esperaba, no permitiendo que la Escuela cierre, sino logrando que permanezca abierta y se mantenga como uno de los centros de formación que se pueden tomar como ejemplo a seguir en La Laguna.
Son momentos duros los que estamos pasando, no sé cuántas veces habré escrito la misma frase. Tampoco lo son muy buenos para las corporaciones municipales, donde se mira hasta la última línea de un presupuesto para darle su aprobación, pero en lo que no se puede escatimar ahora es en ayudar a los vecinos que están superando las peores situaciones inimaginables –el consistorio lagunero está cumpliendo en esto–, ni tampoco pasar la cuchilla en los gastos de formación, y mucho menos cuando estamos hablando de formar a las generaciones del futuro, a ésas que moverán los hilos de nuestras ciudades. Creo que en este caso Julia Dorta, la concejala de Cultura del Ayuntamiento de La Laguna, ha afinado los instrumentos todo lo que ha podido y ha conseguido fondos donde casi no existían para poder enderezar un proyecto, una realidad, la Escuela Municipal de Música Guillermo González, que pudo pasar a mejor vida.
Hay que repetirlo, no se puede recortar en acciones tan necesarias como la Escuela de Música, aún menos en una ciudad calificada como Patrimonio de la Humanidad. En La Laguna todo lo que se haga por la cultura –algo que debería ser así en cualquier Ayuntamiento– será poco. Sé que sería muy fácil servirnos de la crítica barata y poco certera, insistiendo en que las cosas se podrían hacer mejor, y vuelta a lo mismo. Yo opto por valorar que lo que se está haciendo ahora en la Escuela de Música, y con el presupuesto que se maneja, es algo más que digno. Sobre todo, no olvidemos que el trabajo realizado, en no pocas ocasiones, va dirigido a niños que no superan los seis años, y permítanme, ese trabajo no tiene precio. Estamos hablando de difundir entre los más pequeños el gusto y disfrute por los valores musicales. Eso lo está consiguiendo la Escuela de Música, como ya lo ha logrado en cursos anteriores. Detrás de ese trabajo bien realizado se encuentran unos profesores de música con ansias de enseñar, un equipo de administración que mueve muy bien los hilos de la relación padres, centro y consistorio, y una concejala que ha sabido dar el giro adecuado al timón del barco de la Escuela de Música de La Laguna. Claro, hay otros a los que les puede más el gusanito del politiqueo sencillo y aún yendo las cosas bien, intentarán siempre buscar una chinita para tirarla al cristal y romperlo. Incluso, estos amigos de la crítica por la crítica hubieran sido felices si la Escuela hubiese cerrado. Por cierto, un ejemplo de este trabajo bien realizado y cómo suena la Escuela, fue el Concierto de Santa Cecilia que se celebró el pasado viernes en el Teatro Leal.
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