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Tribuna abierta

Piratería marítima

 
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JOSÉ SEGURA CLAVELL (*)
A finales del mes de Abril pasado y en este mismo periódico publiqué un artículo que titulé Mares Fallidos y Piratería Marítima dado que en aquellas fechas se habían producido varios intentos de secuestro a embarcaciones pesqueras españolas y destacaba informativamente el secuestro del atunero "Playa de Baquio" y liberación posterior de los pescadores y tripulantes del mismo, previo pago del correspondiente peaje y puesta a disposición de las autoridades de Kenia de los piratas que habían sido apresados por la Armada española.
Finalizado felizmente el secuestro de los tripulantes del Alakrana, estimamos que hay que mirar hacia delante, en términos marineros "mirar por la proa", en suma razonar con rigor y con previsión y analizar el fenómeno que está dándose en varias aguas jurisdiccionales con la intencionalidad de adoptar medidas preventivas y como decimos en Canarias "por si acaso".
En el referido artículo de opinión manifestaba que había tenido al oportunidad de leer monografías en revistas especializadas como la "amenaza del terrorismo en el ámbito marítimo" publicada en el boletín de información del Centro Superior de la Defensa, "el África Occidental: el fenómenos de los mares fallidos y los riesgos para el entorno marítimo español" o "piratería en Somalia: mares fallidos y consideraciones de la historia marítima", estos dos últimos del profesor Fernández Fadón experto en Relaciones Internacionales.
Del referido profesor me tomé la libertad de reproducir algunas de las interesantes aportaciones que me llamaron la atención. En primer lugar situaba el origen de los "estados fallidos" actuales en el realineamiento que sufren las relaciones internacionales tras el final de la guerra fría, que ocasiona el debilitamiento de estados ficticios que quedan prácticamente sin control judicial, policial o gubernativo, pero no solamente en tierra sino también y por ende en sus espacios marítimos más próximos. De hecho, la impunidad en esos "mares fallidos" la sitúa en tres zonas de África: El África Occidental, el Golfo de Guinea y la región que comprende el canal de Suez hasta la frontera sur de Somalia.
Aconsejaba con mucha solidez argumental, que como desafío futuro, nos deberíamos plantear la necesidad de estudiar con rigor la incidencia en la seguridad de la Unión Europea, de los tráficos ilícitos (drogas, seres humanos, hidrocarburos..., etcétera) y la piratería en el Golfo de Guinea. Esta zona se encuentra en pleno proceso de recapitalización estratégica, ya que por sus riquezas en recursos naturales –gas y petróleo– puede contribuir a aliviar la presión que, en el apartado de la dependencia energética, proyectan el convulso Oriente Medio y las políticas de poder Rusia. La adopción de medidas que contribuyan a paliar los ataques y secuestros perpetrados en plataformas y buques que transportan hidrocarburos en el Golfo de Guinea, amén de la navegación en general, advierten de una escala peligrosa sobre la que convendría reflexionar. La asunción de una política de Estado, integral en materia de seguridad (protección) marítima se manifiesta por la vía de los hechos como una realidad cada vez más necesaria.
En consecuencia no perdamos de vista este fenómeno de los "mares fallidos" y los riesgos que desde el África Occidental podrían derivarse para el entorno marítimo español.
Quienes hemos seguido con interés y curiosidad desde hace muchos años estos acontecimientos delictivos en la mar (porque en la mar un barco es muy vulnerable), recordamos como en los treinta últimos años hemos asistido a acontecimientos de muy diferentes características. Recuerdo el caso de un buque español de Cangas que en el año 1979 fue objeto de un secuestro de piratas en aguas próximas Dajla (antigua Villa Cisneros), en aquella ocasión se trataba de un mero chantaje económico y se resolvió cuando el armador pagó diez millones de pesetas. Recuerdo asimismo varias detenciones de barcos españoles que fueron secuestrados en el Índico, en Mozambique, sin duda, con importante componente política protagonizados por una rama del Frente de Liberación de Mozambique (Frelimo). Me viene también a la memoria la detención en la bahía de Lagos (Nigeria) de un buque de la naviera Fernandez Tapias,en la que las autoridades nigerianas detuvieron y juzgaron al capitán (apellidado Peciña) y a otros miembros de la tripulación, que después de múltiples vicisitudes pudieron ser liberados.
Son muchos los casos que recordamos y también muchas las consideraciones que en otras ocasiones hemos llevado a cabo y mucho lo que debemos hacer responsablemente en un futuro en el que inexorablemente deberíamos hablar del servicio marítimo de la guardia civil, del servicio de vigilancia aduanero y de si la reivindicación de un servicio nacional de guardacostas constituye una utopía irrealizable.
* Diputado socialista en el Congreso

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