AGUSTÍN DÍAZ PACHECO
La aciaga experiencia de los pescadores del Alakrana, secuestrados durante 47 días, y la vil acción de los piratas, ha tenido por eco el ya nada sorprendente enfado de Mariano Rajoy y la cúpula del PP. Parece desagradarle la liberación de los marineros y que se haya dado feliz término a una compleja e indeseada sitruación. (Mariano Rajoy y un sector del PP poseen un paradójico concepto del patriotismo español...) Ésta derecha reaccionaria, la más cavernícola de Europa, se asemeja a un martillo que no cesa de golpear. Carecen de visión de Estado, y tan sólo aspiran a desplegar una política de desgaste del partido hoy en el gobierno del Estado español.
Sin embargo, lo sucedido en el Alakrana invitaría como mínimo a formularse una severa reflexión, que se podría concretar en varias preguntas: ¿Qué grado de responsabilidad histórica y conciencia ética la de los llamados paísese avanzados en cuanto al abordaje a los recursos naturales del continente africano? ¿Han previsto dichas naciones intervenir decididamente en la depauperada economía, la de Somalia, en este caso? Piensan en ayudar resueltamente, mediante una serie y correctiva planificación dirigida a zonas deprimidas donde la miseria, el hambre, las enfermedades endémicas y la muerte constituyen una habitual nota? Como corolario: ¿Hasta dónde el cinismo de los países civilizados?
Al igual que habría que investigar los centros de irradiación del repulsivo tráfico de armas, también hacerlo respecto a determinadas tramas jurídicas omnipresentes en los secuestros y sus desenlaces... En el segundo aspecto, todo parece apuntar a bufetes situados en varias ciudades de una potencia colonial venida a menos. Y tales aspectos no pueden ni deben distanciarse de cómo se procede a esquilmar los bancos de pesca ubicados en aguas de numerosas naciones, aunque en el caso somalí, su desgobierno es más que manifiesto. Entonces, ante el vil atropello de unos señores del abordaje, la droga y la salvaje prepotencia, la más enérgica contestación, pero que ello no comporte olvidar, en modo alguno, las causas de tal estado de cosas. Es así como se hace coexistir cautamente una política de defensa militar naval con otra política que enfoque deluarmente la crisis de África. En modo alguno es apostar por soluciones militares –éstas deben darse in extremis–, se trata de concederle prioridad a iniciativas que pueden ayudar a la planificación política, económica y social de países neocolonizados.
Mientras tanto, a río revuelto, ganancia de pescadores, e imaginamos a Mariano Rajoy y a algunos de los suyos en su acostumbrado obstruccionismo que, como el perro del hortelano, ni come ni deja comer. Y es cuando la miseria, el hambre, las enfermedades endémicas y la muerte se lanzan al abordaje de la siempre digna condición humana, y queda como evidencia el cinismo y la hipocresía de algunos gobiernos civilizados (¿?) y ciertos partidos sin alternativas.
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