PEDRO MARRERO SICILIA
No es nuevo. Es un hecho histórico. Dictadores los ha habido siempre. Desde Julio César hasta Mussolini, creador del fascismo; Hitler, Franco, Amin Dada, Mao, Castro, Augusto Pinochet, uno de los más descarados e ingeniosos de los últimos tiempos. Aún en activo, el gorila de Venezuela, Hugo Chávez, un loco que permanece donde está gracias al petróleo, que no a su inteligencia.
En resumen, que mi reflexión de hoy no es una crítica, sino un pensamiento triste. Hay dictadores que no he mencionado, por ejemplo el Gobierno de España. No es una persona, ni dos, sino un grupo de gente, supuestamente elegida democráticamente, que hace y deshace a su antojo mediante reales decretos o decretazos, que no sé qué será peor. Hay también, pequeños dictadorzuelos allí donde hay un área de poder. Qué difícil es saber mandar. Más difícil que saber obedecer. Claro que para mandar bien, antes hay que haber sabido ser obediente; y esto no es tarea sencilla. Hace un par de días leí en un comentario de opinión, mientras tomaba un café, que a casi todo aquel que manda le gusta prohibir. Prohibir es el no va más del poder. Prohibir, censurar, callar, apagar, cortar por lo sano, ser arbitrario, partidista, mandón, distante; permanecer en lo alto mientras los demás pululan alrededor; sentirse adulado, admirado, cuando no se es más que un zascandil. Augusto Pinochet ordenó cortar las manos a Víctor Jara para que no tocase la guitarra ni cantase aquellas canciones de protesta contrarias al régimen pinochetista; y lo mató. Adolf Hitler, todos lo sabemos, ordenó la muerte física de más de seis millones de personas. Mussolini creó el fascismo y llevó a Italia a uno de los peores momentos históricos, inmersa en la Segunda Guerra Mundial.
Saddam Hussein metió a su país en tres conflictos bélicos mientras mantenía el orden con mano de hierro. Casi todo el que manda se aísla y se rodea de cuatro pelotillas que le ríen la gracia, le apoyan en cualquier disparate y le siguen la corriente; hasta le aplauden. No hace falta ser gobernante, presidente de alguna entidad, gobierno o empresa. Casi todo aquel que manda tiene un "punto" que impide que las cosas salgan bien. En Canarias hay dictadores que ocupan despachos con la bandera de España y la foto del Rey. Son maestros, licenciados o analfabetos. O todo a la vez. Recuerdan al estereotipo del nuevo funcionario, que tiene bien amarrado el puesto, y del político que sabe por pura estadística –y por la suprema estupidez de los votantes– que va a salir en cabeza de lista una y otra vez durante muchos años. El poder corrompe. El corrupto deja de pensar con coherencia; el incoherente comete errores y esos errores, antes o después, le pasarán factura. No se puede ser eternamente un tocapelotas y llegar sin mácula a los 80 para contárselo a los nietos como si fuese el cuento de Blancanieves.
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