EVARISTO FUENTES
os consecuencias, una buena y otra mala, se deducen de las recientes declaraciones del general Jefe del Mando en Canarias. Expondré primero la mala. La futura instalación de una gran base en Los Rodeos, dice el general Jefe que es "Un proyecto ambicioso y con dificultades, pero que nos interesa a todos". Sin embargo a los pacifistas de corazón –con todos los respetos debidos– no nos interesa a ninguno. En armamento militar es mejor para Canarias pasar desapercibida, en beligerancia cero, ante los ojos de los países del Magreb, sin ir más lejos. Tómenlo a broma, pero no deberíamos ir mucho más allá de los hitos de nuestra cronología histórica: el Cañón Tigre; los dos helicópteros de segunda mano que EE UU nos regaló en 1955 procedentes de la guerra de Corea; y ahora, bien podrían reutilizarse los jetfoil para la vigilancia costera (pateras, lanchas del cambuyón...).
En cuanto a maniobras militares, recuerdo las que hicimos en las Milicias de mi promoción en Los Rodeos, campamento sito al otro lado del aeropuerto, años sesenta. Una vez íbamos de prácticas andando por los andurriales de La Esperanza, cuando por casualidad pasó una avioneta del aeroclub. Entonces el capitán, adelantándose en parte a la fraseología de Tejero, gritó: "¡todos al suelo, que es la aviación enemiga!"...Total, que tragamos como tontos polvo en cantidad del suelo de aquel pedregal.
Con bases militares de gran magnitud podremos defendernos, pero también seremos objetivo prioritario para ser atacados. Igual que en infinidad de ocasiones por el ancho mundo, la tortilla de la amistad en cualquier momento se puede virar y devenir en sartenazo. Verbigracia, los EE UU, con sus abundantes contingentes militares desplazados al otro lado del mundo, tuvieron colaboradores, mercenarios, líderes carismáticos autóctonos, que luego por diversas circunstancias nada estáticas se convirtieron (con la prensa occidental como actor mediático de apoyo) en demonizados enemigos (Muammar Gadaffi, Sadam Hussein...).
Por el contrario, la parte buena que yo le veo a las declaraciones del general Jefe es su descalificación de los "alborotadores independentistas", porque "no ofrecen una información veraz" y "no tienen eco social". Además, añado yo, es fácil ponerle solución rápida a esa disidencia interna. En concreto estoy pensando en un señor que cada Día nos machaca las sienes con elucubraciones independentistas. Pero se trata, al parecer, de un editorialista anciano quien, según todos los indicios, ha vuelto psicológicamente a sus juegos de inocente infancia.
Un correctivo colegial, cual si de un niño díscolo se tratara, sería fácil remedio y panacea. Yo le mandaría al cabo de guardia del cuartel más próximo, lo sacaría por una oreja de su despacho, lo llevaría a prevención y lo castigaría un buen rato, de rodillas de cara a la pared, con un pizarrín rayador y chirriante en la mano, y en una gran pizarra le haría escribir mil veces: "¡quiero a España, quiero a España, quiero a España! ¡siempre la quise, la quiero y la querré!".
Se le acabaría el cuento ipso facto. Yo lo veo así.