laopinion.es » Firmas
 Noticia anterior   Noticia siguiente 
UNA HISTORIA PARTICULAR

El juego del sannyasin

"Lo urgente no deja paso a lo importante"
Mafalda

 
Enviar
Imprimir
Aumentar el texto
Reducir el texto
 Reuters

SARO DÍAZ Un sannyasin es alguien que ha renunciado a la vida material, una figura propia del hinduismo. Cuentan quienes han viajado lo suficiente por la India que puede vérseles andando por los caminos, sin miedo, sin esperanza, sin equipaje, sólo consigo mismos, sin aparentes conflictos con nada ni nadie. Desde luego, no estoy preparada para renunciar a los bienes materiales (vivo en una sociedad que ya me juzga cutre por usar el transporte público y los préstamos bibliotecarios) pero me gusta jugar al sannyasin.

Resulta divertido. El juego consiste en ir analizando a lo largo del día todo aquello que deseas o temes. Así, se descubre que te pasas en realidad toda la puñetera jornada deseando algo que en el fondo no merece demasiado la pena. Porque una cosa es que anheles que tu hijo esté sano, que no se queme tu hogar o que no te parta un rayo y otra es que nos pasemos la vida deseando que no cierre la zapatería antes de que salgamos del trabajo, que tu jefe no traiga su ego envuelto en celofán transparente, que no te suban el seguro del coche, que no descargue esa nube negra antes de llegar a casa, que tu vecina se olvide del feo que creíste hacerle ayer, que, que, que... Todos esos deseos en realidad tienen otra lectura: son temores.

Jugar al sannyasin consiste en ensayar a que todo te importe una mierda menos lo que realmente debiera importarnos, como respirar. Desaparecen todos esos jueguecillos de poder sobre los que patinamos cotidianamente. El truco está en detectar cada deseo, cada temor, y destriparlo como si se tratara de nuestro peor enemigo, o como mínimo desenmascararlo para que pierda efectividad. Emplear la imaginación para ponernos en lo peor y comprobar que no pasa nada mientras permanezcamos vivos y palpitantes. Porque existimos como si cada estupidez fuera una meta. Y no puede ser.

No hace mucho descubrí por qué me siento tan cómoda cuando viajo, estando en un aeropuerto o en un avión. Mi comodidad en esa situación de tránsito se debe a que no tengo la obligación de hacer nada, sólo esperar a que me lleven y es toda una oportunidad para descansar, leer, fantasear. Así que no entiendo a quienes se llevan el ordenata para seguir funcionando, para seguir siendo productivos o para aparentar ante el mundo que lo son. Porque esa es otra, la mayor parte de esos miedos, de esos anhelos, guarda relación directa con las apariencias. Sobre todas las cosas aspiramos a que los otros nos vean como seres inteligentes, sensibles, poderosos, felices o, en todo caso, dignos de lástima. De hecho, he notado que cuanto más malicioso es alguien, más quiere aparentar que es un pobre desdichado. Muy al contrario, conozco a un joven cojo que siempre va cargado con una enorme mochila y cuyo rostro es el del sufrimiento mismo, que se niega a que nadie le ceda el sitio cuando monta en la guagua. Su aspecto indica que no vive precisamente rodeado de comodidades y fortuna. Sin embargo suele hacer un esfuerzo titánico para no mover a la lástima. Creo que es un ángel, uno de esos ángeles disfrazados de humanos que pululan por ahí. Así que los otros deben ser diablos.

En el juego del sannyasin no importa que un compañero no te hable, ni que un engreído crea que la profesión existe gracias a él, ni que te ordenen tareas que no te corresponden, ni que se vaya la guagua justo cuando llegas a la parada, ni que te haga daño el zapato, ni que no llegue a tiempo tu chico y te pierdas la película, ni tener que emplear media hora en reclamar ante el banco una comisión abusiva. No importa nada, sólo flotar por el mundo con el espíritu abierto a los encuentros, a las sonrisas, a cualquier despojo que los dioses del amor y la belleza quieran tirarte.

Sigamos las teorías de la rendición combatiendo de otro modo. Permite que se vayan algunos tranvías sin ti, acaso su destino sea descarrilar; móntate en el dolor de la cabeza hasta ser el dolor mismo y no un contenedor de aspirinas; pregunta lo que debes, aunque moleste; intenta la empatía con el que responde aunque su ombligo se esté estrellando contra tu grabadora de periodista.

No importa que alguien quiera demostrarte su miserable poder ordenándote estupideces, ese es su problema, no el tuyo. Matizar simplemente que jugar al sannyasin no consiste en actuar como un borrego, sino en que no te afecten las servidumbres del entorno. Nada de comprometerse con las angustias propias o ajenas. Sin miedo y sin esperanza, sin equipaje. Jugar a que no hay nada que perder.

COMPARTIR
 
  CONÓZCANOS:  CONTACTO |  LA OPINIÓN |  LOCALIZACIÓN     PUBLICIDAD:  TARIFAS |  CONTRATAR  
laopinion.es es un producto de Editorial Prensa Ibérica
Queda terminantemente prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos ofrecidos a través de este medio, salvo autorización expresa de laopinion.es. Así mismo, queda prohibida toda reproducción a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, Ley 23/2006 de la Propiedad intelectual.
 

  

Aviso legal
 
Otros medios del grupo Editorial Prensa Ibérica
Diari de Girona  | Diario de Ibiza  | Diario de Mallorca  | Empordà  | Faro de Vigo  | Información  | La Opinión A Coruña  |  La Opinión de Granada  |  La Opinión de Málaga  | La Opinión de Murcia  | La Opinión de Zamora  | La Provincia  |  La Nueva España  | Levante-EMV  | Mallorca Zeitung  | Regió 7  | Superdeporte  | The Adelaide Review  | 97.7 La Radio  | Blog Mis-Recetas  | Euroresidentes