LUIS COLA BENÍTEZ
Continuaba de baja el alcalde Carlos Calzadilla, cuando el gobernador civil Joaquín Santos Ecay, que anteriormente había llegado a pedir la Alameda de la Marina para construir el edificio de Correos, comunicó la decisión de designar para ello un solar del Estado situado entre el castillo de San Cristóbal y la Delegación de Hacienda de La Caleta, al tiempo que, en unión del capitán general José March, se ofrecía para realizar gestiones encaminadas a la cesión del castillo y su permuta por otro edificio para gobierno y oficinas militares. Ambos proyectos tardaron muchos años en realizarse.
Por fin, el 5 de agosto de 1908 se leyó en sesión municipal la R.O. de 24 de julio anterior admitiendo la renuncia de Carlos Calzadilla Sayer y nombrando alcalde al concejal Felipe Ravina y Castro, que tomó posesión el mismo día, correspondiéndole el puesto 192 entre los que han presidido nuestro consistorio. En la misma sesión se leyó comunicación de Eudaldo R. Amigó y Cía. informando de la terminación de las vidrieras para el salón principal del Ayuntamiento, que procedía a enviar a cargo de un operario responsable de su traslado y colación. Antes de finalizar el año el arquitecto municipal propuso que se le encargara a la misma empresa los cristales de puertas y ventanas interiores y que se le pidiera también presupuesto para los zócalos.
En lo que podríamos llamar actividades culturales, este año habían surgido problemas con la Banda Municipal, como consecuencia de los cuales fueron cesados su director Sendra y varios de los músicos, alcanzándose un acuerdo con la del Regimiento de Infantería de Tenerife núm. 64 para que actuara en los actos oficiales. En agosto se informó de que ya la Banda estaba reestructurada y nombrado nuevo director a Regino Ariz Cía, hasta entonces director de la de Gijón. El año siguiente se recibió una petición de la Sociedad Filarmónica de Pamplona para que Ariz dirigiera allí una serie de conciertos, a lo que se accedió concediéndole un mes de permiso. En cuanto al Museo Municipal, para el que el concejal Patricio Estévanez siempre pedía mejoras, se inauguraron nuevas salas para exposiciones, se acordó dotar de claraboya al salón que anteriormente había servido para las sesiones municipales, y Juan Botas Ghirlanda, pensionado en la Península, donó un nuevo cuadro al óleo. También el capitán general donó para el Museo una bomba y siete cascos de proyectil lanzados por los ingleses sobre Paso Alto el 25 de julio de 1797.
Comenzaron las obras de construcción de la Institución Villasegura –Imeldo Serís- en la calle 25 de Julio, y también, en los primeros meses de 1909, se alcanzó acuerdo con los propietarios para la adquisición de los terrenos en los que se iba a instalar la estación radio-telegráfica, que dio origen a la denominación del barrio "Cuatro Torres", de cuya compañía era gerente Juan Martí Dehesa. Se trabajaba en abrir la calle del Pilar, a la que se acordó dar ocho metros de ancho, hasta Méndez Núñez, y se decidió alquitranar San Miguel y San Antonio entre Santiago y La Rosa, pues aunque este sistema resultaba más caro que el adoquinado los gastos de mantenimiento eran menores. Esto indica que el ensayo que se había hecho en Méndez Núñez, entre Viera y Clavijo y Numancia, había resultado satisfactorio. También se concedió licencia a la Compañía Eléctrica para levantar un nuevo cuerpo a su edificio por su costado Este, hacia el lado del mar.
No cesaba la preocupación por el cólera que atacaba Europa y se extremaban las medidas sanitarias y de prevención, siendo la primera dividir la ciudad en cinco distritos para asistencia de familias necesitadas, designándose un médico para cada uno. Se estudió la forma de ampliar el cementerio de San Rafael y San Roque para prever nuevos enterramientos, y se iniciaron gestiones con el propietario colindante, pero el gobernador civil indicó que por insalubre debía ponerse una fecha límite para su uso y acelerar la búsqueda de terrenos apropiados para un nuevo camposanto. Con este fin se propuso la creación de una comisión mixta de Santa Cruz y La Laguna para encontrar una solución, modificando los límites municipales si fuera necesario. Entre las medidas tomadas, se acordó introducir una partida en los próximos presupuestos para establecer un centro de aislamiento para los primeros casos que pudieran producirse en una posible epidemia, mientras se recibían protestas de los vecinos de 25 de Julio, Costa Grijalba, Jesús María y Viera y Clavijo, que pedían se cerrara el barranquillo del Aceite por razones sanitarias.
A pesar de los repetidos compromisos a partir de la visita del Rey en 1906 sobre la cesión o permuta del castillo de San Cristóbal, en junio de 1909 llegó una R. O. de contenido negativo para las aspiraciones municipales. En señal de protesta el Ayuntamiento acordó no darle lectura en sesión pública, por considerarla una burla para la Capital después de las reiteradas promesas de ministros y autoridades.
En 1909 el presupuesto de gastos quedó establecido en 1.161.945 pesetas y el de ingresos en 973.095, y para cubir el déficit de 188.850 pesetas, una vez más era necesario recurrir al cobro de arbitrios extraordinarios.