JUAN LUIS CALERO
La última vez que vi a Vicente Rey fue en una camioneta, iba de repartidor; ¿qué repartía?, pues el hombre repartía bombonas de gas butano para cocinar la carne fiesta y las papas negras recién cogidas. Cuando eso Vicente Rey se prestaba a la broma y a la improvisación en un programa que, creo, repiten todavía en la tele hasta la saciedad. Era un programa que tenía y tiene un título que fue premonitorio para quien llena este balayo, ¡Échese a la calle!, y así fue. Aquí me ven en la calle y respirando el aire más libre y más puro. Lo que les decía, que desde esa fecha no veo al cantante canario Vicente Rey, que hoy presenta con bombo y platillo su disco Bolero; será en la concurrida Casa de Canarias en Madrid y a las ocho de la tarde, dentro de la variada y universal programación de este punto canario de la capital. Vicente es desinquieto desde que lo conozco y nunca está solo; esta noche tendrá, por ejemplo, el acompañamiento del piano de Alejandro Lorenzo, para que Vicente despliegue su alma romántica con canciones propias y prestadas. Me dice el cantante canario que cada vez le tira más América y que éste "es el único concierto que va a dar en Madrid, de momento" porque le gusta la luz de los cayos de Florida, y por eso pronto viajará a Miami para instalarse una temporada al otro lado del Atlántico. El cantante canario ha representado a España en el Festival Internacional Boleros de Oro en La Habana; así como en el Tercer Congreso Internacional de República Dominicana de Boleros. Vicente Rey quiere, como otros músicos canarios, llevar la música del archipiélago a América y en esa tarea anda. Ha compartido escenario con artistas de la talla, y no de la calaña –como dijo una vez un concejal de cultura de un ayuntamiento canario– de José Feliciano, Omara Portuondo, Los Panchos o Danny Rivera. La Casa de Canarias en Madrid se convierte este sábado en un escenario privilegiado para escuchar la mejor música romántica de hoy y de siempre, los mejores boleros en la voz de Vicente Rey y el piano de Alejandro Lorenzo, después no digan que no se los advertí.