YAIZA AFONSO HIGUERA
La banda sonora de cada persona está compuesta por una galaxia de sonidos; aquellos discos que se pinchaban en las fiestas de nuestros padres, el nuevo grupo enlatado que traía un primo de Londres, la canción del baile de final de curso... Stevie Wonder es parte esencial de la mía. Son numerosas las ocasiones en las que recurro a sus letras para decir cosas, para sentir. Muchos recordarán aquel fantástico álbum titulado The secret life of plants. En él, el cantante de la Motown reflexiona sobre el comienzo, sobre la semilla primera y lo insignificante que somos ante la majestuosidad de las plantas. El disco es un alegato de cordura frente a la tala, a los incendios y al destrozo. Su discurso se basa en tres elementos básicos: vida, agua y oxígeno. Stevie encuentra en la voz de los árboles el sonido de sus canciones. También nos habla de aquellos que no saben escuchar, de los que ignoran que los bosques simbolizan alimento: los incapaces de acceder a la vida secreta de las plantas.
Es apasionante como las personas conectamos con la naturaleza; músicos que se vinculan a los ecosistemas, niñas que adoran a los árboles a través del juego, filósofos que buscan la lucidez en la sombra verde, sanadoras que hallan vacunas en hermosas hojas… Lo que resulta considerablemente extraño es que la política sea un espacio inundado por una incapacidad total de sentir empatía por estos seres. Planifican espacios verdes por decreto, se guían por normas que les obligan a plantar flamboyanes en las ciudades del mismo modo que ubican bancos y alcantarillas. Olvidan que los árboles han crecido con nosotros (como el Ficus Elastica que plantaron cuando nació mi amigo Carlos). La falta de visión total de los que hacen los planes de ordenación, de los que reestructuran las ciudades hace que la muerte de estos seres sea un simple daño colateral. Nos cuentan que es inevitable, que lo hacen por el interés general, por el progreso...
A los periódicos llega una pequeña nota de prensa: "Una treintena de laureles de indias y palmeras serán trasplantados por las obras de la vía litoral". Muchos lectores imaginan otro futuro ¿Tendremos algún día un alcalde o una alcaldesa capaz de escuchar la vida secreta de las plantas?
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