JOSÉ A. DELGADO DELGADO (*)
1.- La génesis del problema
En el libro V de su enciclopédica Historia Natural Plinio establecía los límites del dominio y la ocupación romanos en Mauretania Tingitana en la población de Sala (en el paralelo 34), ya en la misma frontera del desierto y en la vecindad de la peligrosa tribu de los Autololes. Las noticias acerca de la costa que se extendía al sur de esa posición, incluidas las referidas a las islas, no ofrecían garantía alguna al erudito autor latino, pues entendía que se fundaban más en tradiciones legendarias que en datos reales. Las notas sobre las islas Górgades, Hespérides o Afortunadas que recoge en el libro VI (201-202) las presenta en consecuencia con el mayor de los escepticismos.
Pero contra la autoridad de Plinio, sin embargo, los primeros cronistas e historiadores de Canarias estuvieron de acuerdo en diseñar un pasado muy clásico para las islas atlánticas africanas. En los textos literarios de la Antigüedad creyeron reconocer alusiones o referencias explícitas a estas islas, especialmente en aquéllos en que se mencionaban los Campos Elisios, las Islas de los Bienaventurados, las Islas Afortunadas, las Hespérides o las Islas Górgades. Comenzaba así una larga labor de exégesis erudita y anticuaria, que se prolongaría hasta el siglo XVIII, cuyo fin principal era tratar de determinar qué archipiélago (Canarias, Madeira, Azores o Cabo Verde) se ajustaba mejor a las descripciones que proporcionaba la tradición literaria.
Una lectura literal de las fuentes, sin fundamentos analíticos ni críticos definidos, y una libertad discursiva aún no sometida a método (tal era entonces la práctica habitual), llevó a aquellos intelectuales a recrear un pasado para las islas vinculado directamente a la Antigüedad grecolatina. No hay que olvidar, sin embargo, que esta interpretación histórica convenía a los poderes coloniales, que necesitaban justificar sus derechos de conquista, dominio y explotación sobre los archipiélagos atlánticos. El aparente diletantismo de estos historiadores pudo encubrir en ocasiones motivaciones políticas o culturales más profundas y sutiles. En cualquier caso, esta construcción historiográfica gozó aún de gran aceptación en los ambientes románticos y eruditos de la primera mitad del siglo XIX, particularmente entre los viajeros extranjeros.
Aunque pudiera parecer sorprendente, el rastro de este modelo de trabajo se sigue percibiendo (si bien bajo nuevas formas) en las propuestas recientes que pretenden integrar a fenicios, cartagineses o romanos en los procesos de desarrollo histórico de las poblaciones indígenas insulares. La inexistencia de un marco teórico aceptable científicamente, la ausencia de preocupaciones metodológicas y una arbitraria y errática interpretación de las fuentes son sus señas de identidad. En este sentido estas líneas pueden entenderse como una réplica desde la disciplina de la Historia Antigua a esa desafortunada y desorientada literatura.
2.- Las vías de investigación
Se puede ser indulgente con las viejas opiniones y formas de trabajar de los padres de la Historia Canaria en razón de la época a la que pertenecen, pero ese mismo criterio exige que cualquier hipótesis actual se ajuste a los principios básicos de la disciplina histórica moderna. Tales principios requieren que el investigador que se proponga abordar el problema del significado histórico que pudo haber tenido Canarias para las civilizaciones mediterráneas de la Antigüedad afronte la tarea considerando al menos cuatro cuestiones fundamentales. Cada una de ellas tiene su importancia particular como elemento de juicio para el historiador y su evaluación conjunta ofrecerá los argumentos imprescindibles para proponer una respuesta científicamente fundada al problema planteado.
La primera sería el establecimiento del contexto histórico general. El objetivo principal de esta investigación preliminar es determinar en qué medida podría contemplarse la posibilidad de considerar a Canarias como enclave de interés geoestratégico o económico para los pueblos mediterráneos con voluntad colonizadora.
La segunda debería ser, en correlación con la primera, la elaboración de un catálogo de las posibles fuentes antiguas que probaran o al menos sugirieran la posibilidad de que Canarias hubiera sido centro de interés geoestratégico o económico para fenicios, cartagineses o romanos.
La tercera debería ser el examen de las sociedades aborígenes insulares tal como hoy son conocidas e interpretadas por los especialistas, con la intención de comprobar en qué medida pudieran haber quedado huellas de una supuesta influencia del mundo mediterráneo antiguo. Esta tercera vía de investigación es particularmente interesante por la posibilidad que ofrece, dada su perspectiva de análisis, de contraste con las dos primeras.
La cuarta y última, en cierto sentido subsidiaria de la anterior, se centraría en el estudio de los recursos naturales de las islas, cuyo fin sería descubrir si realmente existen productos tan extraordinariamente singulares que, no pudiendo ser obtenidos por las potencias mediterráneas en otras regiones, justificasen una empresa de magnitudes colosales como sería el establecimiento de unas relaciones económicas regulares con el archipiélago. Paralelamente habría también que tener en cuenta la capacidad técnica para llevar a cabo tal empresa. (continuará)
* Profesor Titular de Historia Antigua
Universidad de La Laguna