JOAQUÍN CATALÁN
Siempre he pensado que los individuos hemos avanzado poco o nada a través de los tiempos. Sí, nos hemos digitalizado, nuestros vehículos son capaces de darnos una lección magistral de economía aplicada, los edificios se han convertido en ciudades autosuficientes y las televisiones se introducen sin pudor en el alma de la sociedad restando la privacidad inherente al ser humano. Pero no me refiero a eso, ni a que prosigamos con guerras intestinas por el territorio, por la religión, por el pensamiento o por la hegemonía, sino a las cuestiones económicas.
En el año 55 antes de Cristo, Marcus Tulius Cicero (Cicerón) dijo: "El presupuesto debe equilibrarse, el Tesoro debe ser reaprovisionado, la deuda pública debe ser disminuida, la arrogancia de los funcionarios públicos debe ser moderada y controlada, y la ayuda a otros países debe eliminarse para que Roma no vaya a la bancarrota. La gente debe aprender nuevamente a trabajar, en lugar de vivir a costa del Estado". Increíble. ¿Se dan cuenta? No hemos avanzado absolutamente nada y soportamos exactamente los mismos vicios y problemas que en aquella época. ¿Recuerdan qué ocurrió con el gran imperio romano años después? Ojalá tan brillante reflexión no sea el preludio de nuestro hundimiento, si es que no se ha producido ya con una crisis estructural que ha afectado a todos los rincones del planeta.
Mientras tanto, podemos hacer caso a otras frases lapidarias de aquel hombre genial, cultivado e inteligente llamado Cicerón: "Que se rindan las armas a la toga", para expresar la preponderancia que debe tener el poder civil sobre el militar; "El buen ciudadano es aquel que no puede tolerar en su patria un poder que pretenda hacerse superior a las leyes"; "La fuerza es el derecho de las bestias"... ¡Cuánto nos queda por aprender!
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