JOSÉ GARCÍA CASANOVA (*)
El vigente Plan General de Tacoronte data de hace más de una década, cuando fue aprobado con el apoyo unánime de los partidos presentes por aquel entonces en el Consistorio: CC, PSOE, PP y PNC.
El tiempo ha transcurrido y el marco normativo autonómico (Directrices de Ordenación) e insular (PIOT) se ha modificado, obligando a revisar el planeamiento municipal para su adaptación al nuevo contexto jurídico-administrativo. En consecuencia, se inició también para nuestro municipio el preceptivo proceso de revisión, cuyo último episodio ha sido la aprobación inicial de un polémico documento.
El pasado 7 de septiembre, por fin, se iniciaba el periodo de información pública y con ello se destapaba la caja de los truenos. Tras un larga y hermética gestación, envuelto en el mayor de los sigilos y después de un interminable ir y venir del estudio de arquitectura al Ayuntamiento, donde sólo unos pocos miembros del grupo de gobierno tenían acceso a la información y, por ende, a la toma de decisiones, los grupos políticos de la oposición y los vecinos y vecinas de Tacoronte pudimos enterarnos del contenido del documento. Lo que vimos nos sorprendió, y no gratamente. Sobre la mesa aparecía un Plan que a nadie satisfacía, que afectaba directamente a mucha gente y que perjudicaba en mayor o menor medida a la calidad de vida de todas las personas que vivimos en este singular rincón isleño, por no hablar de las generaciones venideras. En definitiva, un PGO cuyo contenido ha provocado la alarma, la indignación y el rechazo de gran parte de la población.
Enumerar, siquiera de pasada, los muchos errores y despropósitos que contiene este Plan, sobrepasaría los límites de estas líneas. Baste citar, como botones de muestra, la demencial capacidad poblacional que se baraja para los próximos lustros (que duplicaría los habitantes actuales), el trazado de nuevas vías que fragmentan los suelos agrícolas de calidad o afectan de lleno a centros públicos de enseñanza y a inmuebles catalogados por su interés arquitectónico, o la insólita enajenación de huertos familiares y terrenos de cultivo para destinarlos a otros usos no productivos.
Suponiendo que el diseño de este Plan no obedezca a intereses inconfesables, y si nos abstraemos de otro tipo de consideraciones, desde el punto de vista meramente metodológico este plan se fraguó condenado de antemano al fracaso. Porque no puede esperarse otra cosa de un proceso en cuyos decisivos inicios se desvincula a los sujetos objetivamente interesados en participar (la ciudadanía) y, por contra, se impone un estilo autocrático ("todo para el pueblo, pero sin el pueblo"), propio de otras épocas.
No es nuevo este estilo en la gobernanza de Tacoronte. Un repaso a la gestión del equipo liderado por el alcalde, Hermógenes Pérez Acosta, pone de relieve su permanente desconfianza, cuando no miedo, a todo lo que suene a participación, a debate o a crítica constructiva. En otras palabras, esta actitud se encuadra en una concepción estrecha y puramente ceremonial de la democracia, que se resiste a asumir que la ciudadanía es mayor de edad y tiene la madurez requerida para intervenir con responsabilidad en la cosa pública, dando respuestas inteligentes a los retos que la ordenación del territorio conlleva. No en vano es depositaria de una cultura secular de adaptación al medio. Y ese bagaje debe ser respetado y tenido en cuenta en la configuración de los modelos de planificación, a través de la adecuación de cauces de participación y habilitación de espacios para el debate. De hacerse así, surgirían no una sino varias alternativas posibles, entre las que habría que elegir, democráticamente, la mejor. Un proceso, en suma, más lento pero más seguro, pues malas consejeras son las prisas, cuando de dibujar el futuro de toda una comunidad se trata.
De aquellos polvos, estos lodos. Y ahora, ¿qué hacer? Esa es la pregunta que, guste o no, solo parece tener una única respuesta razonable: atender el clamor popular, que exige otro Plan verdaderamente participativo para Tacoronte.
* Concejal de Alternativa Sí se puede en el Ayuntamiento de Tacoronte