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La canción del verano

La eterna siempreviva

 
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ELFIDIO ALONSO
La esposa de Menéndez Pidal, María Goyri, calificó el romance que narra la muerte del príncipe don Juan como "la eterna siempreviva que el pueblo dedicó a aquel príncipe tan querido", realizando un completísimo estudio sobre los antecedentes históricos del acontecimiento y su reflejo en la tradición oral romancística.

Tal vez, como señala Joaquín Díaz, la supervivencia de este romance durante cinco siglos se deba a la simpatía que logró despertar la princesa Margarita entre el pueblo llano, quizá más condolido por las peripecias de una pobre viuda en tierras ajenas y rodeada de familia extraña (que quedó huérfana y desamparada a raíz de la muerte del esposo), en lugar de sentir con carácter exclusivo el fallecimiento prematuro del heredero de los Reyes Católicos.

Muchos estudiosos del romance han insistido en este aspecto para justificar la larga vida que ha tenido a través del tiempo, dándole primacía sentimental al desamparo en que quedaba la princesa, que se encontraba encinta, sobre la trascendencia histórica que acarreó el fallecimiento del príncipe, que insiste ante su padre para que, en ningún momento, deje desasistida a su esposa. Ante el dramatismo de esta situación, las gentes llanas optaron por ponerse de parte de la joven princesa, configurándola como protagonista principal de la historia, en detrimento de las consecuencias políticas que provocó el fallecimiento prematuro del sucesor al trono.

De ahí que algunas versiones posteriores al romance original lleven el nombre femenino de Ricardina, como sucede con varias de las recogidas en la provincia de Zamora. Variantes que, para resaltar a la protagonista, suelen comenzar in media res (en mitad de la acción), en aras de darle mayor importancia a aquellas escenas en que la princesa aparece acaparando toda la atención: "Padre, padre, padre mío, / padre mío de mi alma, / padre, mire por mi esposa / que es niña y está ocupada./ De los dotes que le di / padre no le quite nada, / tampoco el anillo de oro / que le di de enamorada"...

Otros ejemplares son más conservadores y llevan distintos títulos, como ese "Villanueva, Villanueva", recogido por Joaquín Díaz en la aldea leonesa de Salio, que incluye el nombre histórico del doctor Parra, así como el tono noticioso del comienzo: "Villanueva, Villanueva: ¿qué se cuenta por España? / La vida del rey don Juan / que malito está en la cama". La alusión a los médicos que asisten al príncipe se mantiene desde los primeros prototipos del romance: "Siete médicos le asisten / de los mejores de España, / unos le curan con vino, / otros le curan con agua, / y otros por no darles pena / dicen que su mal no es nada. / Ahora falta por venir / el médico De la Parra".

La versión recogida por Joaquín Díaz pertenece a su álbum Romances, grabado en septiembre de 1988 para SAGA (MSD-4006). En el folleto que acompaña al disco se dice que hay dos vías de conservación para este romance: además de la de Zamora, con sus títulos femeninos, existe otra cuyo ámbito geográfico se extiende por las provincias del norte peninsular, especialmente las de León, Burgos y Palencia.

Un año después de la aparición de este valioso álbum de Joaquín Díaz, encontramos otra versión zamorana en un recopilatorio titulado Aliste (Diputación de Zamora, SAGA VPD-2059), con interesantes anotaciones de Fraile Gil. El romance del príncipe don Juan aparece encuadrado en el capítulo referente al Antiguo Histórico Nacional, según variante recogida en Sejas de Aliste.

Como refiere el comentarista, en Aliste conviven dos versiones distintas del romance: la primera, que se presume más antigua, comienza con fórmulas interrogativas, muy al estilo de "Villanueva", con alusiones al Viático: "Santísimo Sacramento, / ¿dónde vas tan de mañana? / A visitar a un enfermo / que malito está en la cama".

Y en el segundo grupo las versiones tratan directamente del estado en que se encuentra el príncipe, amén de la desesperación de su esposa. "La suprema razón de la supervivencia de este romance –nos dice Fraile Gil– no es ya la muerte del príncipe, sino la situación de desamparo en que queda su compañera". He aquí otro juicio sobre la primacía de los sentimientos populares hacia el personaje femenino, en detrimento de la posible valoración política que, en los primeros instantes, pudo darse a un episodio crucial en la historia de España.

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