JOAQUÍN CATALÁN
A ver si lo entiendo: el Cabildo tinerfeño acordó en el año 2000 con el Ayuntamiento de Santa Cruz la protección de los nuevos edificios cuyo valor patrimonial estuviera suficientemente acreditado. El Parlamento, más tarde, aprobó declarar Bien de Interés Cultural (BIC) los premios Manuel Oraá, muchos de los cuales se encuentran ubicados en la capital tinerfeña, pero el Consistorio aún no ha asumido el compromiso de incluir las obras contemporáneas de calidad en su catálogo de bienes patrimoniales.
A ver si leo bien: entre las arquitecturas premiadas figura el Espacio Cultural El Tanque -sí, ese monstruo de acero inservible e inactivo-, la estación del Jet foil, la sede de la Presidencia del Gobierno, el Recinto Ferial, viviendas privadas de gran valor arquitectónico -la mayoría de Saavedra y Díaz-Llanos o del equipo Artengo-Menis-Pastrana-, el Museo de la Naturaleza y el Hombre, el Auditorio y el TEA.
A ver si no alucino: en el año 2002, el Colegio de Arquitectos (COAC) solicitó la incoación de expediente para declarar BIC El Tanque, con todos los efectos previstos en la ley de Patrimonio Histórico de Canarias, incluyendo en tal acuerdo una delimitación provisional de su entorno de protección. El propio Instituto de Patrimonio Histórico Español informó favorablemente acerca del antiguo depósito de petróleo, al que puso como ejemplo -¡como ejemplo!- de la política que persigue el Plan Nacional de Patrimonio Industrial, que promueve la Dirección General de Bellas Artes y Bienes de Interés Cultural.
A ver si salgo de mi asombro: el armatoste circular que rompe la armonía de Cabo-Llanos no va a desaparecer nunca de nuestra vista. Nunca.
A ver si me hacen caso en instancias municipales: ¡por favor, llévenselo de la ciudad y de la Isla!
jcatalan@epi.es