FRANCISCO POMARES
Por fin estamos a la cabeza de algo: un despacho de agencia coloca a Canarias entre las regiones con más casos de corrupción en España, sólo detrás de Andalucía y Madrid. Entre las tres, suman más de 500 imputados por corrupción política. Y la suma sigue cada día que pasa.
¿Habría que preguntarse porqué son estas tres regiones y no otras las que están en la cumbre? Para eso habrá respuestas para todos los gustos: por ejemplo, una respuesta sociológica sería que andaluces y canarios representamos el Sur desvertebrado, incívico, venal y corrupto del país, un lugar alejado del seny y la solvencia propia de las regiones industrializadas del norte. Un paseíto por el caso Pretoria y las recientes detenciones en Cataluña deja esa interpretación parcialmente en bragas. Pero no hay que desanimarse, toca entonces una respuesta economicista a la cuestión: la especulación en las costas de Andalucía y de Canarias, y el crecimiento desbordado del cinturón suburbano de Madrid han disparado en las últimas décadas la cultura del ladrillo y el asfalto y su correlato inevitable de licencias forzadas a golpe de comisión. Es otra explicación, y hay más: a los que no creemos en la bondad intrínseca del alma humana, nos seduce la explicación política: los lugares dónde hay más corrupción son aquellos en los que élites políticas y económicas se perpetúan desde hace más tiempo. La explicación cuadra con el despacho noticioso como un guante, y además reparte culpas a diestro y siniestro: en Andalucía al PSOE, que gobierna ininterrumpidamente desde la noche de los tiempos. En Madrid hace ya veinte años que está el PP. Y en Canarias, quienes integran Coalición se sostienen en el poder purgando a los adversos en una clara tendencia a convertirse en régimen.
La corrupción es hoy algo sistémico al poder, y por eso surge como fruta madura del poder reiterado en el tiempo. Aunque la corrupción puede darse en todas partes, en todos los niveles de la vida pública, en todas las actividades económicas, el tiempo de permanencia en el poder, la continuidad de las relaciones, la familiaridad de políticos, funcionarios y empresarios que surge del trato continuado, es un excelente abono. Una Administración gobernada por un partido o grupo de partidos instalados en el poder durante muchos años, es siempre más fácilmente permeable a prácticas corruptas que una administración en la que se produce la alternancia de equipos políticos.
Si además esa situación de Gobierno continuado en el tiempo ocurre en un territorio cuya cultura principal es el desprecio a la participación y el rechazo el compromiso, y en el que el cemento ha sido durante años la opción preferente del desarrollo, entonces podría decirse que ese territorio –Canarias, sin ir más lejos- tiene un montón de boletos para ganar el premio gordo de la rifa.
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