FRANCISCO POMARES
Corporaciones e instituciones canarias se enfrentan a una situación de extrema dificultad para elaborar sus presupuestos de 2010. Planteado de esta manera, la reacción inmediata del común podría ser algo así como ¡pues peor para ellos! Pero es que la crisis financiera de ayuntamientos, cabildos y Gobierno, lo que supone es la imposibilidad de atender los compromisos sociales, más incumplimiento de las competencias, más despidos de personal. No es sensato alegrarse de que las corporaciones canarias vayan camino a la ruina. Y algunas están ya cerca.
Si la crisis afecta a todos, a los cabildos afecta más que a nadie: a diferencia de ayuntamientos y Gobierno, los Cabildos no recaudan nada. Viven de lo que les da el Gobierno de España y el de Canarias. Reciben sus recursos gracias a los tributos transferidos del Estado, las competencias cedidas del Gobierno (pésimamente dotadas, financiadas en sus dos terceras partes con fondos de los propios cabildos), y –la parte del león– los recursos que transfiere el Gobierno del REF, básicamente IGIC y AIEM, cuyos ingresos se redujeron un 17 por ciento en 2009, y bajarán lo mismo o más en 2010.
Desde luego, la culpa de la crisis económica no es de nadie –aunque puede opinarse que algunos han intentado paliarla y otros no han hecho nada o muy poco– pero en los próximos semanas y meses, la guerra abierta entre Cabildos y Gobierno regional puede ser irreversible. La Fecai ya ha anunciado que no se devolverá al Gobierno la liquidación negativa del REF, unos 150 millones de euros. Y ha pedido una participación tipo REF en el impuesto al tabaco rubio, por 40 meuros, y que se mantenga la inversión de los planes sectoriales en una cantidad no inferior al 10 por ciento de la de 2009.
De todos los problemas con los que se ha tenido que enfrentar Rivero, el más peligroso para él y para Coalición es el inicio de esta guerra. No sólo porque no tiene arreglo, sino especialmente porque el conflicto parte de la existencia de una situación irremediable –la ausencia de recursos–, que va a provocar la inanición de los mecanismos clientelares que se controlan desde algunos cabildos y definen las relaciones de poder en las islas de la periferia.
Coalición Canaria es hoy la suma de lo que queda de una ATI diezmada por las contradicciones internas y por la desafección de la ATI capitalina a Rivero (una desafección mutua y ganada a pulso) más el poder político y el peso electoral de las organizaciones insularistas de tres islas: La Palma, El Hierro y Fuerteventura. La asfixia económica de los Cabildos de esas islas significa a medio plazo la asfixia del insularismo retocado como nacionalismo y el desgaste de Coalición precisamente dónde más fuerte es. Quizá por eso –y porque el PP no tiene ningún Cabildo– a Soria todo este asunto parece más bien traérsela al fresco.
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