FRANCISCO POMARES
A mi hijo de seis años le enseñaron en el cole a pintar las piedras con lápices de colores. Le cogió el gusto al invento y se trajo algunas piedras a casa y las pintó primorosamente. Como le aplaudimos la gracia, ahora vuelve todos los días con los bolsillos llenos de pedruscos. Trae montones cada vez que sale a la playa o al campo o a pasear al parque, y me tiene la casa llena de tormos pintarrajeados. Encima la parienta está encantada: cree que resolver el asunto –tirar las piedras a la basura– sería una forma muy perversa y quizá traumática de frenar la creatividad del enano. Yo no pienso así: creo que habría que coger a la profesora de mi hijo, a mi mujer y a mi suegra (que aún no ha dicho nada, pero seguro que va a decirlo) y leerles la cartilla: porque una piedrita coloreada como pisapapeles no esta mal, pero convertir el cuarto de estar en almacén de Graveras Tenique me parece excesivo...
Con lo de los niñatos de Coalición pasa tres cuartos: han aprendido de sus mayores que la bandera que mola es la de Secundino y las siete estrellas, y han salido a la calle a reivindicar –"con recursos del partido", como reconoce ingenuamente el presidente de los jóvenes nacionaleros grancanarios– el uso del trapo patrio. Y resulta que en la calle les han pillado Cubillo y Concepción y Pepito Rodríguez, y les han agarrado por el pescuezo y les han metido de cabeza a reivindicar la soberanía, la independencia, la creación del Estado Canario en 2010 y el mojo pestoso, que se hace con carne picada de español recalcitrante. Con los pibes de Coalición y del resto de los partidetes que coquetean con la independencia, pasa que hasta un vendedor de manuales de cocina (autóctona) los puede manipular a conciencia. Salieron a presumir de bandera tricolor, y volvieron con la patria sudada y enardecida y la soberanía vuelta y vuelta, para encontrarse en casa con sus mayores: "¿Qué es eso de pedir la independencia precisamente ahora?"
Y los pibes han tenido que explicar que bueno, que no era para tanto. Pero sí lo es: las resoluciones del último Congreso de Coalición –las que se iban a revisar este mes de octubre (como pasa sel tiempo)– son claramente independentistas. Casi tan patrióticas como ilegibles. Les salieron así porque los mayores se fueron a discutir como hacerle la pirula a ATI en el Congreso, y a cargo de las resoluciones se quedaron los pitufos, que en cuestiones serias como elegir quien va a mandar, no se meten. Y claro, salió lo que salió: que el proyecto político de Coalición contempla la posible reivindicación de la independencia de Canarias en un medio plazo. O sea: sí pero menos, por si las moscas. Un dislate cobardica y ramplón, ni sí ni no, que se iba a arreglar este octubre.
Lo dicho, que yo lo del amontonamiento de piedras de mi chico lo resolvería cortando por lo sano. Lo que pasa es que mi mujer no me deja.
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