PEDRO H. MURILLO
Tengo un amigo que asegura que en 2012 habrá un cambio de Era. Se basa en los estudios realizados de los calendarios mayas, los cuales se interrumpen en la citada fecha. Algunos han asegurado que esta interrupción significa el Fin de los Tiempos y otros, que sólo se trata de un cambio a gran escala. ¿Se imaginan qué ocurriría si supiéramos que en escasos cuatro años, el mundo se fuera a hacer puñetas?, ¿qué cambios profundos operarían en lo colectivo, cuando se sabe a ciencia cierta que todo está perdido y que la extinción estará cerca? Abrigo la idea de la extinción con una mezcla de sosiego y deseo.
En primer lugar, nos desentenderíamos de la crisis económica –para qué tanta ansiedad si total, quedan cuatro años– los millonarios lapidarían sus ganancias y el presidente del FMI convocaría una rueda de prensa el 31 de diciembre de 2011 para anunciar el final de la crisis económica global, lo cual será una boutade, puesto que al día siguiente todo el planeta se irá al carajo. Los israelíes devolverán solícitos los territorios ocupados a los palestinos y en la ONU se celebraría un gran botellón para celebrar la inminente esclerosis de nuestra especie. Los coroneles tendrán, finalmente, quienes les escriban; los zoológicos abrirán sus puertas para que los animales puedan deambular tranquilamente por las calles, tu jefe, ese hombre de negocios enjuto y férreo, dará rienda suelta a sus fantasías y se presentará en el departamento de marketing y ventas disfrazado de pollo para acosar a las secretarias; las abuelas se rebelarán y tomarán rehenes en los bancos; los periodistas no estaremos bajo la espada ya que Damocles la dejaría a un lado para liarse con un armador húngaro y lo más deseable, los plumillas dejaríamos de ser fámulas de los políticos de turno.
Piénsenlo. Reflexionen, por un momento, qué harían si sólo nos quedaran cuatro años, una legislatura de existencia, en la que hagamos lo que hagamos no importará el resultado, puesto que no habrá nuevas elecciones. Tendremos que aguantar a los pesimistas, quienes no pararán de corroborar que tenían razón, que ya nos lo dijeron, y descubriremos con asombro que Al Gore se fuma cuatro paquetes de tabaco al día. Por otra parte, dado que el ser humano es en sí mismo una contradicción deliciosa y cruel, las hambrunas se solventarían puesto que no cabría amasar más dinero a costa de nuestros congéneres y, ¡qué demonios! nos vamos a extinguir en un abrir y cerrar de ojos, repartamos beneficios. Aunque ahora que lo pienso, ante esa fecha mortífera, en el ámbito privado, en ese extraño universo que ilusamente aparentamos controlar, es donde se desencadenaría la verdadera revolución. Ese padre de familia, de misa dominical, le sugeriría a su esposa que lo atara a una platanera vestido de rumbera mientras le invita a extrañas prácticas con tres higos picos; los hijos seguirían pidiendo cuentas a los padres, cosa inevitable puesto que son como la poesía, armas cargadas de futuro, sin embargo los progenitores desdeñarían los preceptivos consejos pedagógicos para comunicarles lo que realmente piensan de la carne de su carne.
Y los políticos, qué me dicen de los políticos. Algunos se mantendrán firmes en sus convicciones hasta el final, barruntando proyectos, acaso pergeñando alguna estrategia surrealista como una moción de censura: "La mala gestión de su gobierno ha desembocado en esta situación apocalíptica, por lo que no me queda otro remedio que presentar una moción de censura", clamaría el Cicerone, sin percatarse que la mitad de la corporación está ebria o disfrutando de otros ayuntamientos más apetecibles. Al final Tindaya sólo será una montaña, el salmón, un pez teleósteo de metro y medio de longitud, cuerpo rollizo, cabeza apuntada y aleta adiposa dorsal junto a la cola y el puerto de Granadilla, una pizzería ubicada en el sur de Tenerife. ¡Ah!, se me olvidaba. Canarias dejará de ser la colonia sometida para convertirse en un Estado soberano, "ad maiore Dia gloriam". Lástima que sólo dure lo que las campanadas del 31 de 2011, aunque seguro que a más de un periodista nos procesará la recién constituida Junta Gubernativa de Canarias, por sedición y traición a la patria antes de la extinción.