ELFIDIO ALONSO
Las versiones musicales más antiguas que se conocen de este romance, además de la compilada en el Cancionero de Palacio (número 69) ya citada, debemos localizarlas en el Cancionero general, que data de 1511. Y, ya más enriquecido su argumento con la aportación de diferentes glosas, se encuentra otra versión en el Cancionero de Amberes (sin año), aunque apareció una posterior reedición en 1550. Con estas variantes estamos aún lejos de poder considerar este romance como canción carcelaria (de ella deriva la célebre carcelera del flamenco), ya que faltan elementos luego añadidos por los transmisores que hicieron posible la evolución de tan interesante y rico ejemplar.
En 1968, y para discos SonoPlay (SN-20100), Joaquín Díaz le pone música al texto primigenio, sólo alterado por el latiguillo del la,la,la cada dos versos, que repite el coro. A pesar de que el autor es un experto y profundo conocedor de nuestro romancero, llama la atención que hubiese optado por crear la música, en lugar de haber elegido alguna tonada tradicional. A pesar de ello, la canción de El Prisionero alcanzó notable éxito en su tiempo, como lo demuestra que grupos como Neocantes e intérpretes como Paco Ibáñez llevasen a la grabación discográfica sus interesantes versiones.
Con la misma música creada por Joaquín Díaz, y respetando el texto lírico antiguo, el grupo Neocantes grabó en 1973 una versión de este romance, con cuidados arreglos de J. M. Martínez Sánchez, para el sello GMA (LP-GS 2000). Y Paco Ibáñez, en su álbum Flor del tiempo (1979), sigue el mismo modelo de Joaquín Díaz, creando una música muy en su línea para el prototipo más divulgado (ARIOLA 200188-l, 3 cara B), respetando los términos antiguos del texto, como cuitado (desgraciado) y albor (alba, amanecer), de la misma versión recogida por Menéndez Pidal y Andrés Amorós.
En 1986, el grupo Raíces y la voz solista de María Luisa Sánchez nos ofrecen dentro de un repertorio que pretende reunir diversos romances sefardíes la versión de El prisionero que recogió Larrea en el norte de Marruecos (Cantos tradicionales judeo-españoles, Vol. 2, SAGA Sed 5032). Se dice en el folleto que acompaña al álbum que "los rasgos comunes con las versiones de Andalucía Occidental permiten suponer que se trata de una incorporación reciente al repertorio sefardí", quizás siguiendo la misma hipótesis ya expuesta por la doctora Weich-Shahak. Ésta, en su citado Romancero sefardí de Marruecos (Editorial Alpuente, 1997, Madrid), reproduce una interesante tonada en 6x8 y 3x4 para El Prisionero.
De menor interés resulta la grabación romancesca recogida en Castilla por el grupo Nuevo Mester de Juglaría, aunque el trabajo global de recopilación merezca el aplauso más encendido. Esta variante de El Prisionero desvirtúa las secuencias más conseguidas del prototipo antiguo: la protagonista es una mujer y no existe el desenlace de la muerte del pajarillo, entre otras omisiones esenciales. Hombre y mujer se alternan en las voces solistas apoyadas por las intervenciones del coro y el acompañamiento instrumental de guitarras, bajo, flauta y laúd. (Romancero, 1971-2001, RQ 52212, Rama Lama Music, 2003).
El grupo Odres recogió una versión en León para su álbum El viaje del agua (Tecnosaga, 1999, WKPD-102035), de mayor fidelidad con respecto al original: "Mes de mayo, mes de mayo, / el mes de la mucha flor (...) Ay, triste de mí, cuitado, / que yago en esta prisión". El desenlace es la muerte del avecilla, con las consabidas maldiciones para el arquero que le disparó. Cantan voces mixtas. Y acompañan flauta, laúd y guitarras.
Nuestros amigos de Candeal, en su trabajo Ancha es Castilla (Serenal Records, SCD-643, 1997), han incluido una variante de El Prisionero muy ajustada a los cánones, tomada de Flor nueva de romances viejos, de Menéndez Pidal, con tonada lastimera en tono menor. Solos, dúos y guitarras.
Y, por último, consignemos la variante localizada en Cuenca por el grupo Alajú, (SAGA, KPD-10971, 1998) grabada para el álbum Al son de la tradición. La melodía está ejecutada con flauta y acordeón. El romance fue recogido en Monreal del Llano, pueblo muy cercano al famoso penal de Ocaña. De ahí que el texto de El Prisionero acabase por prender en la memoria colectiva de los lugareños, con añadidos bien relacionados con las penas y la falta de libertad que sufre el protagonista: "En mayo, en el mes de mayo, / cuando las fuertes calores, / sin saber cuándo es de día, / sin saber cuándo es de noche, / sólo por un pajarillo / que se cría en esa torre. / Le pregunto si ha leído / el papel de mi sentencia. / ¿Cuándo querrá Dios que salga / de esta tenebrosa celda?". Y termina: "¿Dónde está mi libertad?"...