ANTONIO ÁLVAREZ DE LA ROSA
La Historia no se repite, claro, pero tampoco dimite. En cuanto procuramos mirar el pasado sin perder de vista el presente, es fácil observar que no hemos dejado nunca de tropezar en la misma piedra de nuestra condición humana, que somos más burros que una manada de asnos. Desde la violencia a la estupidez, pasando por ciertas prácticas de la caridad, todo un camino repetido. Eso sí, tapizado con alfombras de otros colores, con decoraciones cambiantes. No obstante, creía uno que ciertos comportamientos sociales, más propios de épocas ya amarillentas, habían sido arramblados en el baúl de los ingratos recuerdos. Sin embargo, en cuanto entran a funcionar los mecanismos de la memoria ¡ay la memoria!, enganchados en ese anzuelo, regurgitamos la grasa espesa de otras épocas. Se acaba de celebrar en esta ciudad el llamado Bounty Tenerife Fashion Show, nombre de un presunto acto de solidaridad, arropado incluso con desfiles de modelos, con presencia de la miss y del míster España, supuestos periodistas y demás música fashion. Todo un glamuroso acto social, titulado en este mismo periódico como "Modelo de solidaridad", destinado a recaudar fondos con destino a los comedores sociales de Santa Cruz de Tenerife. (Dicho sea entre paréntesis, hay que ver con qué cantidad de eufemismos vamos empedrando el infierno de nuestros actuales miserables). Otra época, otras formas, pero las sinapsis neuronales me han llevado a la España nacionalcatólica de la postguerra, a un país que venía de la pobreza y que tardó demasiado en salir del subdesarrollo. En nuestro solar patrio era habitual, incluso nos parecía que formaba parte del paisaje natural, disfrazar de chinitos a los niños y sacarlos a la calle enarbolando huchas de barro en forma de cabeza de chinos, negros o cobrizos. Esa ñoña caridad cristiana servía, nos decían, para aliviar las desgracias del mundo, como si en el patio español jugáramos con la abundancia. Este singular espectáculo, celebrado junto al Auditorio, me recordó también "Ustedes son formidables", un programa radiofónico de la cadena SER que, dirigido por la voz engolada de Alberto Oliveras, mantuvo en vilo a toda España durante las décadas de los sesenta y buena parte de los setenta. Este país tenía más agujeros en la asistencia social que una mina de carbón. Apelando a la caridad, lo mismo se recolectaba dinero para una guardería infantil que para paliar los destrozos de la crecida de un río, para reconstruir un Asilo de Ancianos que para financiar la visita de un niño leucémico al papa Pablo VI. Todo un panorama asistencial bacheado por el dinero que brotaba de los bolsillos emocionales de los españoles, pero que, por supuesto, no ponía en tela de juicio la estructura política y presupuestaria del franquismo. Hoy, cuando estamos inmersos en una crisis económica de profundísimo calado, cuando el traje del Estado del bienestar se descose por todas partes, cuando incluso en el Primer Mundo en el que habitamos ya es palpable a flor de calle la marginación y hasta el hambre de nuestros conciudadanos, se organizan actos benéficos para dar de comer a adultos y niños. Y todo ello con el apoyo de instituciones como el Cabildo de Tenerife e incluso con la ¡Concejalía de Fiestas! del Ayuntamiento santacrucero. Vaya por delante que me quito el sombrero de la admiración por todas aquellas personas o grupos que, en silencio y con la única bandera de la abnegación, trabajan para paliar los destrozos económicos y las anemias presupuestarias impuestas por quienes tienen la obligación política de aliviar la marginación. Lo que resulta indigerible es esta conjunción de moda y prensa del corazón, paseándose por una pasarela en un asunto tan serio y dramático como es el derecho a comer, a vivir dignamente. Hoy la noticia es la movilización de la sociedad para exigir la lucha contra la pobreza en el mundo, contra la injusticia de pasar hambre. ¿Cómo podemos cambiar exigencia y movilización por pasarela y lucimiento?