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apuntes históricos (209)

Los alcaldes de Santa Cruz

 
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LUIS COLA BENÍTEZ El año 1906 estuvo marcado por dos acontecimientos de importancia, de los cuales fue protagonista la corporación municipal que presidía Pedro Schwartz, al que en sus bajas por enfermedad u otros motivos sustituían los concejales Adolfo Benítez Castilla o Carlos Calzadilla Sayer. Nos referimos a la primera visita que un monarca español hacía a las Islas y a la epidemia que azotó a la capital a final del año.
Los preparativos comenzaron desde que se tuvo noticia cierta de la visita real, para la que Sociedad Filarmónica se ofreció a interpretar el Te-Deum. Se consiguió, por los buenos oficios de Ramón Ascanio y León, que la casa Nava, de La Laguna, cediera prestado el coche familiar para uso de S. M., en el que fue preciso invertir unas mil pesetas en arreglos y reparaciones, motivo por el que, transcurrida la visita, el Ayuntamiento trató de comprarlo sin resultado.

El 21 de marzo, en sesión presidida accidentalmente por Carlos Calzadilla, se discutió la exposición a presentar al Rey sobre necesidades y aspiraciones de la ciudad:
1º. Disponer de un puerto amplio y capaz.
2º. Franquicias totales para el comercio.
3º. Supresión de zonas polémicas que difcultan la expansión urbana.
4º. Establecer aquí la Audiencia provincial, por ser la única capital de España que no la posee.
5º. Creación de centros de enseñanza: Universidad, Escuela Naval, Escuela de Comercio.
6º. Repoblación de arbolado de las montañas circundantes.
7º. Subvención para ferrocarriles que unan las principales poblaciones.
8º. Cesión del castillo de San Cristóbal.

El conde de Romanotes, Ministro de la Gobernación, comunicó haber dado curso a esta exposición, y el 29 de marzo, a las 11,30 de la mañana, tuvo lugar en la plaza circular de 25 de Julio el solemne acto de colocar la primera piedra de lo que se pretendía fuera el monumento a O´Donnell, que se acordó proteger con verja, nombrándose comisiones aquí y en Madrid y abriendo suscripciones públicas. Este es el origen del nombre por el que desde entonces se conoció la actual plaza de los Patos, que popularmente se le denominaba "Piedra del Rey". Las peticiones presentadas y el monumento corrieron suerte pareja: nada se logró y nada se hizo.

En abril se acordó aceptar el contrato de cesión del castillo de San Cristóbal para su demolición y ensanche de la entrada a la ciudad, mediante permuta con un nuevo edificio para gobierno militar en la avenida 25 de Julio, comprometiéndose el Ayuntamiento a pagar el alquiler de vivienda y oficinas mientras duraran las obras, pero un mes más tarde el capitán general informaba que nada se podía hacer hasta que no se produjera la R. O. del Ministerio de la Guerra autorizándolo, requisito que tardó cerca de veinticinco años.

Pedro Schwartz recibió en mayo la memoria que el ministro de la Gobernación, conde de Romanotes, había redactado sobre la visita del Rey. La comisión nombrada al efecto manifestó su disgusto y protesta por la forma en que se había redactado la memoria, en la que sólo se reflejaban generalidades y buenos deseos. En vista de ello el concejal Patricio Estévanez Murphy propuso expresar su malestar al Gobierno poniendo a su disposición todos los centros, dependencias y organismos oficiales que aquí radicaban, propuesta que fue aprobada por mayoría. Además, se acordó la creación de una comisión que viajara a Madrid para exponer el malestar del Ayuntamiento, comisión formada por Juan Bethencourt Alfonso, Juan Febles Campos, Manuel de Cámara y Cruz, Andrés Antequera Benvenuty y Tomás Monteverde, aunque este último renunció a formar parte de la misma. La comisión no llegó a ir a Madrid, posiblemente por falta de fondos, y el Ayuntamiento se conformó con encargar al marqués de Casalaiglesia expusiera al Rey los puntos de vista de la capital, lo que hizo en audiencia concedida por S. M. en San Sebastián el mes de septiembre.

En conclusión, la visita regia sólo había servido para sacar más a la luz, incluso en la Península, las tiranteces y enfrentamientos existentes entre los políticos canarios, y para dejar al Ayuntamiento endeudado por los gastos ocasionados –ornamentos, funciones, banquete, festejos–, y con los proveedores reclamando el pago de sus facturas.

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