JOAQUÍN CATALÁN
Es increíble. Después de perder el Gobierno de Canarias numerosas denuncias en los tribunales y con dos recursos en curso, el Parlamento autonómico sigue empeñado en impulsar el proyecto diseñado por el genial artista vasco Eduardo Chillida para la montaña de Tindaya. Se ve que ni la vecina Tebeto ni el dinero desparramado hasta la fecha por los suelos majoreros han logrado iluminar las mentes de "sus señorías". ¿Para qué sirve el vaciado de la montaña? ¿Es viable? ¿Qué beneficios va a a reportar a las Islas? ¿Por qué tanto empeño? ¿Están los habitantes de Fuerteventura a favor del "monumento"?
Hace unos días, el consejero de Medio Ambiente y Ordenación Territorial, Domingo Berriel, justificaba el retraso de 15 años -sí, lo que leen- en que este proyecto "tiene pocos enemigos, pero consistentes". ¿Son adversarios quienes presentan alegaciones en la declaración de impacto ambiental o en la ejecución del planeamiento? ¿Es boicot? No, más bien parece gente o asociaciones preocupadas por sus espacios naturales o por su Isla. O contrarias a un proyecto que ha manchado la imagen de Fuerteventura y de nuestras instituciones públicas en su deambular por los juzgados y por los medios de comunicación de todo el país. Y no apunto a nadie en particular, porque "Tindaya" cuenta con el apoyo de todo el arco parlamentario.
En serio: ¿por qué insistir en un proyecto envuelto en incertidumbre legal y que ha costado ya unos 30 millones de euros? ¿No ha servido de lección el caso Tebeto, que va a desangrar las arcas canarias si nadie lo remedia? ¿No padece Canarias una de las peores crisis de su historia? ¿Por qué priorizar un proyecto -bello en su vertiente artística- que nada aporta y a nadie va a desahogar? Creo que se debe reconsiderar y "archivarlo" en el baúl de los recuerdos.
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