FRANCISCO POMARES
Ayer fue día de conjunción planetaria: Zapatero consiguió reunirse con Obama en la Casa Blanca y además rompió la tradición familiar y no se presentó de gótico: iba impecable, con traje gris marengo, camisa blanca y corbata con puntitos. Tercer encuentro con foto, primera invitación formal y a pesar de hacerlo todo bien, sin salir se del guión, resulta que Leire Pajín se equivocó: los astros no van a crujir con el encuentro. Por lo menos no en los periódicos o los informativos TV. Resulta que la noticia del día no es el encuentro más esperado de los últimos cinco años, sino el desencuentro imprevisto de un capitán del PP y su coronel en jefe.
Ocurrió en Valencia, tierra en la que niña Pajín también tiene mal fario con su elección como senadora por el tercio regional. Y lo que ocurrió –lo tiene usted a todo trapo en esta misma edición– es que el número dos del PP valenciano, Ricardo Costa, se ha negado a pagar en solitario el pato del caso Gürtell en Valencia y territorios aledaños. En vez de aceptar disciplinadamente la factura, don Ricardo ha señalado sin discreción alguna para más arriba: "yo siempre he sido un mandado", ha dicho. Y con eso ha dicho mucho más que suficiente para que desde Les Corts a Génova todo el mundo se ponga muy nervioso.
Y es que, en contra de lo que piensan muchos ciudadanos, los partidos no son organizaciones militares. Lo de cargar silenciosa y discretamente con las culpas de otros es tradición más castrense que política. En los ejércitos se asume lo de cargar con el muerto, por eso de la idiosincrasia guerrera, pero los políticos, si te he visto no me acuerdo y que cada palo aguante su vela: en el PP, por ejemplo, se han especializado en cargarle el pato –o los muertos– a otros. Ocurrió con lo del Yakolev que se estrelló en Turquía (ahí Trillo logró cargarle los muertos precisamente a los militares), y ahora querían hacer lo propio con el Gürtell fallero, que el pato de la paella lo pagara el segundo de la casa, pero mira tu por dónde, Costas ha salido protestón y ha dicho que de eso nada, que él era un mandado, que cuando se hizo cargo del partido las órdenes ya estaban dadas, y que jamás de los jamases firmó un solo contrato con el amiguito del alma del presidente Camps.
O sea, que la revoltura del segundo que se niega a ser chivo (para la expiación) anuncia sainete de largo recorrido, y nuevos dolores de cabeza para don Mariano. Y es hoy sin duda alguna el asunto de mayor interés noticioso, más asunto que nuestras cuitas conventuales de siempre o que cualquier otra noticia de fuste. Porque aunque ocurra que la historia de quien pagará finalmente el pato, quede luego en agüita filtrada de chufas (algo muy propio en los tribunales del señor de la Rúa), incluso así tiene mucho más morbo y diversión que interés la muy ansiada foto galáctica de Zapatero y el nobel Obama.
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