FRANCISCO POMARES
Supongo que se habrán enterado de que un grupo de biólogos ha descubierto hasta 163 nuevas especies en las riberas del río Mekong, en el sudeste de Asia, lo que antes llamábamos Indochina, y ahora tiene nombres que cambian con cierta frecuencia, como Cambodia (antes Campuchea), Tailandia (antes Siam) y Myanmar (antes Birmania). La cosa es que el descubrimiento de marras ha puesto a la comunidad científica contentísima, y el Fondo Mundial para la Naturaleza anda hasta sacando pecho romano: se trata de un centenar de especies vegetales, 28 peces, 18 reptiles, 14 anfibios, dos mamíferos y un pajarito, bichos de entre los que destaca por su rareza una rana con colmillos, descubierta en Tailandia, y a la que han bautizado sin su consentimiento como Limnonecter megastomias. Es una rana que se alimenta de pájaros pequeños e insectos grandes y utiliza sus dos colmillos como arma durante las broncas contra otros machos, en tiempo de apareamiento.
Como suele ocurrir en estos casos, las agencias de noticias han distribuido prestamente unas cuantas fotos de los bichos más llamativos. Dejando de lado los peces, que parecen todos iguales menos el cherne a la espalda y la vieja guisada, lo que más llama la atención es la cara de mala leche que –en general– tienen todos los especímenes recién descubiertos por la casualidad (una serpiente y un geco con ojos de fumanchú de película fueron descubiertos durante un paseo por el hijo de un naturalista) o por la ciencia.
Lo de la cara de mal café no debiera sorprendernos: si uno se cabrea porque está durmiendo una siesta de media hora y llega un cartero a hacerle firmar un certificado con la paralela de Hacienda del año 2007 (un asunto bastante baladí en términos de historia del Universo, sea entrópico o no), imagínese que es usted un bicho cualquiera que lleva cien mil años descansando en un charco sin que nadie le toque las narices, y de repente se presenta el coro polifónico de Adena-WWF a hacerle fotografías sin darle siquiera tiempo a repeinarse. Una invasión así de su intimidad es como para poner cara de malas pulgas, más aún sabiendo que cuando se vayan las ONG y los amables y rosaditos tipos de la National y el Scientific American, vendrán otros que le van a llenar los alrededores de la charca de McDonald´s y casetas para vender bolsos de imitación.
Y mucha peor cara aún pondría el bicho si supiera la que le espera. Y no me refiero sólo a ser torturado, viviseccionado, disecado o conservado muy científicamente en formol, sino a algo aún más grave: compartir retrato en un periódico digital al lado de una noticia sobre la moción de censura en el Puerto de La Cruz. Por ejemplo: aquí el candidato coalicionero a alcalde, Marcos Brito. Y aquí la rana con colmillos. Retorcidos.
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