FRANCISCO POMARES
Jorge Rodríguez, consejero de Empleo, no pasará a la historia por lograr su objetivo de pleno empleo en Canarias para 2013 –como anunció cándidamente al inicio de la legislatura– sino por haber aportado una de las mejores explicaciones que –estando yo cerca– se han dado al enorme pandemónium que es hoy la política y sus aledaños. Ocurrió durante el debate sobre la (inexistente) cobertura de Televisión de Willy al asunto doméstico de Rivero, pero pudo pasar en cualquier otro momento, hablando de Tebeto y sus cuatrocientas veinte ramificaciones políticas, económicas y judiciales, o peleándose por las cifras del paro, la responsabilidad sobre la crisis, o el blanco inmaculado del conjunto chaqueta–pantalón de la alcaldesa de Artenara.
Y es que, roto el espacio para cualquier tipo de entendimiento, incluso meramente operativo, lo que queda es acusar al contrario de vivir en la falacia y la mentira permanente, aumentando con ello "la entropía del Universo". Lo dijo don Jorge.
Pues eso y ele, que la frase trae cola: dice el DRAE (lo confieso: tuve que mirarlo) que la entropía "es la medida de la incertidumbre existente ante un conjunto de mensajes, de los cuales se va a recibir uno solo". Los socialistas, que son (por lo menos) tan brutos como yo, pues no tenían la definición a mano y no pudieron sacarle lasca a lo del mensaje, que de eso iba precisamente la pregunta a Rivero. Pero –a toro pasado– diré que la entropía universal de Jorge Rodríguez me ha iluminado la vida, y ahora lo entiendo todo.
Y es que los socialistas y los otros y los ellos, con la inestimable colaboración de los periodistas, los medios y los enteros, hemos logrado liar un monumental cacao en todo lo que tocamos. En lo de Tebeto, por ejemplo, yo me siento ya más antrópico que tropical, con perdón de Rita Martín. A pesar de haber leído doce versiones distintas del ocurrido, no tengo ni zorra idea de lo que de verdad pasó, ni consigo hacerme una composición, aunque sí intuyo que me tocará pagar mi parte alícuota del asunto, porque se ponga como se ponga el Gobierno contra el TSJC –o Santiago Pérez– los cien kilos esos, los jueces no van a ponerlos ellos de su bolsillo. O sea, que de verdad que no me entero una cáscara de lapa. Perro por lo menos, ahora se que es culpa de la entropía universal.
Como es también culpa suya que desde que se destapó la operación Unión, hayamos creído que el alcalde de Arrecife, su ex teniente de alcalde y ese pibe conejero que dimite y se arrepiente, eran los tres unos (presuntos) golfos apandadores. El martes, el juez César Romero ha abierto una brecha en la entropía y resulta que (a lo mejor) los mentados son tan sólo bastante incompetentes, unos posibles prevaricadorcitos sin mala fe.
Pues mejor. Más vale meter la pata que meter la mano.
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