FRANCISCO POMARES
Para quienes esperaban una explicación fue una sorpresa: un Rivero, demudado, pálido y solemne, miró fijamente a las cámaras de televisión desde su improvisado escaño y pronunció su sorprendente juramento que sonó a sortilegio: "Juro por mi honor que en mis treinta años desempeñando tareas públicas, jamás he utilizado cargos para beneficiar a familiares o amigos...". Pues vale. Pero es que no iba de eso. La pregunta de los socialistas canarios sobre la sobrina, con respuesta retrasada desde el mes de agosto, no era sobre la trayectoria sí o sí inmaculada de Rivero en materia de enchufes –durante los anteriores treinta años–, sino sobre su conversación con Berto González Reverón, alcalde de Arona investigado en el caso Edén junto a otros muchos cuantos.
Rivero despachó su respuesta en 40 segundos escasos, en un silencio ajeno tan denso y espeso que podía cortarse con un bisturí para sacar lascas de tiempo y decorar con ellas las paredes de la improvisada sala en la que juró por segunda vez, esta para protegerse a sí mismo. Y es que Rivero puso su honor por testigo de sus actos precisamente en el mismo salón de actos en el que hace dos años y poco prometió su cargo. Ocurre que el salón de plenos sigue siendo envenenado por exterminadores de ratas y cucarachas y fumigadores de carcoma. El Parlamento necesita –ya se ve– ser desbichado...
Ante la tozudez del socialista Manolo Marcos, que insistió en acusarle de cometer "abuso de poder y de su cargo", Rivero, en su intervención de réplica, y con voz entrecortada y flauta, reconoció por fin que quizá la conversación con el colega Berto fue desacertada, pero no pidió perdón ni por asomo. Y dijo más cosas: dijo –y es cierto– que los periódicos no han publicado completa la conversación que sostuvo con el alcalde, que al principio le dijo que no se sintiera comprometido y que hiciera lo que pudiera. Y cree Rivero que eso "no rompe la legalidad". Los socialistas creen que ahí radica el asunto, en que la legalidad es incompatible con pedirle a alguien que "haga lo que pueda" en unos exámenes...
Por eso se alegraron tanto –los socialistas– al contar que el abogado de una de las acusadas ya ha pedido la imputación de Rivero y el traslado de la causa al TSJC. También eso es cierto: lo anunció el ex fiscal Fernández del Torco –ahora abogado en el caso Edén– en la radio, y lo reiteró a algunos periodistas en la Cámara. El asunto de la sobrina se encamina, pues, hacia el TSJC, envuelto en el folio 11.920 del sumario. Que tampoco se ha publicado nunca ése folio en concreto: es el del final de la conversación de Rivero con Berto, cuando el alcalde Berto le pide también algo al presidente y Rivero le contesta al alcalde y le dice que "no habrá problemas en eso".
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