FRANCISCO POMARES
Tras el bochornoso espectáculo del pleno del viernes en Santa Cruz de Tenerife, lo único que ha quedado claro es que el alcalde Zerolo está solo. El apoyo de Ciudadanos y el PP a la moción socialista para derruir el mamotreto –un edificio de aparcamientos a medio construir a la entrada de la playa– y paralizar el proyecto fashion del arquitecto Perrault, ha dejado al alcalde literalmente contra las cuerdas. El asunto no es si el mamotreto (el nombre lo inventó Nacho González cuando estaba en la oposición, antes de entregarse a Zerolo) caerá finalmente o no. La cuestión es que Zerolo no cuenta ya con una mayoría estable para dirigir el municipio, y eso a pesar de haber comprado a los ciudadanos Guimerá y Guigou con cargos, salarios y prebendas.
Los socialistas han pedido la inmediata dimisión del alcalde, pero eso no va a ocurrir, como tampoco es probable que las palas mecánicas acaben por tirar un edificio cuya suerte y destino depende más de los tribunales que de la derrota del viernes. Pero ante la ciudadanía chicharrera, aguanten provisionalmente en pie –o no– el mamotreto y Zerolo, lo que ha quedado claro es que al alcalde no le quedan conejos en la chistera. El último de ellos, el cese de Ángel Llanos, le salió rana en vez de conejo. El PP de Tenerife –a pesar de los líos y conflictos internos– no es hoy el PSOE de hace dos legislaturas, cuando Zerolo consiguió primero dividir y luego meterse en el saco a la mitad de los socialistas. Algunos de ellos, reconvertidos hoy en asesores de Zerolo entran y salen del sumario de Las Teresitas como Pedro por su casa. Pero esa es otra historia. Otra que tampoco podrá parar algún truco de Zerolo, empeñado hoy en restregarse mediáticamente con el alcalde Saavedra, a la espera de un milagro imposible.
Tras el intento frustrado del Gobierno de concentración, un cuento chino cuyo objetivo era sumar votos para quitarse a Llanos de en medio, Zerolo se desprendió del pibe de Ofra a las bravas y sin red de seguridad: lo hizo porque Llanos devoraba a dentelladas su terreno y el de ATI. Esperaba el alcalde que los concejales del PP –al menos el gran hermano Brito Arceo o la ex ática Maribel Oñate– le siguieran a él en vez de a Llanos.
Grave error. Zerolo lo intentó entonces con los socialistas. Pero el que fuera flautista de Hamelín hace unos años tiene hoy la flauta llena de arena. A pesar de las tensiones y el ridículo inicial, el PSOE de Corrales aguantó la embestida, e incluso el arquitecto Ramiro Cuende –amigo y colaborador de Perrault– se mantuvo al final en línea. Zerolo se vio forzado a recomponer malamente su mayoría con el apoyo de Nacho González –el primero que clamó contra el mamotreto– y de los dos ciudadanos, los de pinocho. Fue una vergüenza. Y de aquella vergüenza, esta derrota. Y las que seguro vendrán.
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