JOAQUÍN GALERA (*)
Sin duda alguna, el arquitecto Dominique Perrault cometió, intencionadamente o no, un grave error, al proyectar un edificio en la cabecera de la playa de las Teresitas que invadía el dominio público en más de 1.000 m2, lo que ha generado una polémica social y un embrollo jurídico de difícil resolución. También son responsables de ésta situación las personas y administraciones que han permitido avanzar por la vía de los hechos consumados, a sabiendas de que la obra del mamotreto carecía de la cobertura legal necesaria para su ejecución. Ni siquiera el Ayuntamiento se ha molestado en adaptar el proyecto de Perrault a las propuestas de ordenación del Plan General de Santa Cruz, actualmente en su última fase de aprobación. Mientras que el PGOU mantiene en esta zona los niveles de suelo preexistentes, posibilitando con ello un nuevo y conveniente acceso al pueblo de San Andrés, el edificio en construcción los supera considerablemente, impidiendo tal conexión y generando además una barrera visual que elimina la visión de la playa desde el pueblo. También el PGOU propone un edificio al inicio de la playa con una superficie considerablemente menor y que nada tiene que ver con la estructura ejecutada. Según datos dados a conocer públicamente, el mamotreto triplica los casi 3.000 m2 de edificabilidad permitida en ésta parcela. Igualmente, la línea propuesta por Costas para definir el dominio público puede sufrir alteraciones, alejándose aún más del borde costero e incrementando la superficie construida afectada.
La propuesta para desbloquear la situación al inicio de las Teresitas, pasa por la demolición de la planta alta del mamotreto, que representa aproximadamente el 50 por ciento de la superficie total prevista en el proyecto de Perrault. La planta de sótano podría mantenerse al no superar la rasante del terreno que establece el PGOU. Con el derribo parcial de la obra realizada hasta el momento se podría evitar la invasión del dominio público y lograr su adaptación a las determinaciones del Plan General, además de eliminar el efecto barrera que provoca la elevación de la rasante en la zona ocupada por el inmueble. El costo de la demolición parcial propuesta no superaría los 300.000 euros y mantendría las características principales del proyecto de Perrault.
* Arquitecto