JOSÉ ANTONIO VALBUENA ALONSO (*)
Lo primero que debo hacer es pedir disculpas a los lectores, por el uso que voy a hacer del privilegiado espacio que se me concede en este periódico. Porque no es plato de gusto hablar de uno mismo, y menos cuando está acostumbrado a emplear estas líneas para desarrollar propuestas y plantear iniciativas. Pero los acontecimientos mandan, y la conciencia obliga.
El alcalde de Arona, José Alberto González Reverón, se está viendo en una situación jurídica más que comprometida, dando cuenta ante los tribunales de sus discutibles decisiones como gestor públicos de los intereses del municipio, que resulta que no se gobernaba como él creía, esto es, a base de órdenes personalistas que no se atenían ni a legalidades ni a minucias de ese estilo. Es comprensible que eso le tenga nervioso, y que, en la creencia de que la mejor defensa es un buen ataque, haya decidido arremeter, sin cabeza ni lógica, contra lo primero que pillase. Y, vaya por dónde, me ha tocado a mí.
Dice el alcalde que Arona que estuve en una reunión con el Grupo Municipal Socialista para desbloquear licencias. González Reverón miente, miente dos veces porque cuenta una verdad a medias, y encima sabe que miente, lo cual ahonda en la sensación de patetismo que emana de esta surrealista secuencia. Sería absurdo por mi parte negar lo evidente: efectivamente, estuve en la mencionada reunión. Aclarado esto, me toca explicar a mí lo que el alcalde de Arona se cuidó muy mucho de contar a los medios.
La reunión la convocó el alcalde para exponer un informe elaborado por un servicio jurídico externo, contratado a tal efecto, en relación a una serie de licencias urbanísticas que, agrupadas en distintos supuestos, pretendían ser desbloqueadas en masa. El portavoz socialista en Arona, Paco García Santamaría, me pidió que les acompañara en esa reunión para contar con mi asesoramiento en esta materia, y acepté gustoso como hago siempre que un compañero del PSOE requiere de mi ayuda.
Una vez allí, lo que el alcalde nos pone sobre la mesa raya la más absoluta de las desvergüenzas. De los siete supuestos contemplados, se descartó de inmediato apoyar cuatro por su manifiesta ilegalidad, y de los tres restantes pedimos los informes de los servicios jurídicos municipales, que por cierto el alcalde se comprometió a hacernos llegar y por los cuales aún estamos esperando.
Es decir, que se pretendió que los socialistas nos prestáramos a una componenda lamentable, dando nuestro apoyo al desbloqueo masivo de licencias que no contaban con los requisitos legales mínimos. Y los socialistas no caímos, menos aún aquí un servidor, que en su etapa en el Ayuntamiento de La Laguna las vio de todos los colores.
Lo que González Reverón diga de mí no me preocupa, porque sé a quién le asiste la verdad. Me preocupa el modo en que, sin el menor rubor, le sustrae la verdad de los hechos a la ciudadanía, a sus votantes y vecinos; el modo en que, me reafirmo, degradando la política hasta límites insólitos en Canarias, los nacionalistas se han empeñado en minimizar sus propias tropelías acusando a otros de lo mismo o cosas peores.
Conmigo, pinchan en hueso. No tengo nada que ocultar, ni me he visto nunca en la patética necesidad de lanzar acusaciones a diestro y siniestro para distraer la atención de las vergüenzas que una oposición avispada me está dejando al aire. No seré (ni será el PSOE) un escudo humano para proteger a González Reverón de sus propias actuaciones, sino una punta de lanza.
En palabras de Antonio Machado: "si dijiste una media verdad, cuando digan la otra media, dirán que has mentido dos veces". A lo largo de lo que dure la acción de la Justicia en el caso Arona, intuyo que González Reverón tendrá la oportunidad de reflexionar sobre esta frase, y comprender su significado.
* Portavoz del Grupo Socialista en el
Cabildo Insular de Tenerife