DOMINGO J. JORGE
Nos remontamos a 2002, los inicios de este siglo XXI. Retornamos a los años de gobierno de Adán Martín, compartidos con la presidencia de Román Rodríguez, donde la estrella del momento era el puro canario. Para refrescar un poco la memoria, les anoto algunas cuestiones: En aquellos días, Adán Martín prometió al sector de tabaco artesano un plan de apoyo que era muy amplio. Un proyecto que pasaba por relanzar a los pequeños tabaqueros artesanales y a las grandes industrias del sector en las Islas, de estas Islas, uniéndolos en un núcleo común que se llamaría, Puros de Canarias. Se realizó una presentación oficial por todo lo alto en Presidencia del Gobierno aquí en Tenerife, y aquello que parecía el futuro de los pureros en Canarias pasó a mejor vida.
Dando algunas notas más, consistía en legalizar a muchos chinchales que trabajaban en la economía sumergida y otorgar un mayor potencial a un producto con tanta historia y tradición tras su espaldas en nuestras Islas. En todo este maremágnum participarían la consejería de Hacienda, aquellos días en manos de José Carlos Mauricio, cuyo viceconsejero era Miguel Becerra, a quien se le encomendó que desarrollara la estrategia a llevar a cabo. El "alma mater" de todo este proyecto era Adán Martín, quien se volcó a todas todas por la defensa del sector. Sin embargo, llegaron los días de la prohibición del tabaco, la tan cacareada Ley del Tabaco, Adán abandonó la política activa, y todo el mundo olvidó el que en Canarias existe el sector del puro, gracias al que se conoce el nombre de nuestras Islas en muchos rincones del globo. Como todo, se pasó página y ahí quedó una vía de escape para generar trabajo que se abandonó y lo que se logró no sólo no fue el propiciar nuevos empleos, sino que todo lo contrario, muchos pureros y empresas con años de historia en nuestro Archipiélago –sobre todo en Tenerife, La Palma y Gran Canaria– quedaron avocadas al cierre. Luego el siguiente capítulo fue que el número de pureros ilegales se dobló, puesto que el cierre de muchas empresas y el abandono del proyecto de Adán, lo que generó fue que la economía sumergida se multiplicara en el sector. Los tabaqueros volvieron a sus chinchales de siempre y a la producción de tabacos sin marca.
Así, lo único que ha quedado en Canarias han sido empresas del sector del cigarrillo, alguna pequeña fábrica de puros hechos a máquina, y muy poco artesanal. Triste, pero se ha dado carpetazo a más de 300 años de historia del tabaco en Canarias. Sin embargo, algunas industrias mantienen, así y todo, sus sedes en las Islas y ahora se le da otra patada al sector. Esta vez, se hace con la subida del impuesto del tabaco. Peor aún se quiere hacer creer al contribuyente que con ello se va a facilitar la creación de empleo. Quizás haya alguien que se crea esta historieta de Mortadelo y Filemón –la de la subida de impuestos en el tabaco y que con ello se generará empleo– que se le ha ocurrido a José Manuel Soria en sus horas de jugar al pádel, y se lo dijo al oído a Paulino en un almuerzo en Los Limoneros. Sin embargo, como somos muchos los que no nos lo creemos, lo que quizás sí haya que decir es que puede que no sólo no logren generar empleo, sino que consigan que alguna empresa multinacional –de esas pocas que siguen en Canarias– cierren sus delegaciones en las Islas y se marchen a otras tierras donde se quiera tratar mejor al que pretende generar empleo.
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