JULIÁN GARCÍA CANDAU
El mundo de la farándula está lleno de anécdotas protagonizadas por las mamás de las artistas. En el fútbol, los papás tampoco han sido lo mejor del espectáculo. Las mamás se pegaban con las otras progenitoras por el orden de salida al escenario, si era cosa de variedades o por el lugar del nombre en los carteles y el tamaño de las letras. Los papás del fútbol han sido menos dados a la artificiosidad de la cartelera, pero más amigos de los dineros.
Los representantes, los intermediarios, que no son lo mejor de la película, nacieron para defender los intereses de los artistas y los futbolistas, pero también para apartar de las negociaciones a la familia, especialmente la femenina. En el fútbol hay padres y hermanos.
En el mundo del teatro las mamás, a veces, tenían que mirar hacia otro lado si la niña recibía proposiciones del empresario si ello favorecía la llegada al vedetismo. Ello era motivo de habladurías entre bastidores porque las segundas vedettes y hasta alguna chica destacada del conjunto, atribuía el éxito de la figura no a sus condiciones artísticas, sino a bondades en el plano horizontal.
Santiago Bernabéu, cocinero antes que fraile, echaba del club con la mayor rapidez posible al muchacho que llegaba de la mano del papá quien creía aportar a René Petit, Gaspar Rubio y Di Stéfano en una pieza.
Los padres de futbolistas imploran un puesto en el club por modesto que sea. No importa el salario. Todo es muestra de buena voluntad y cuando a un jugador, con porvenir más incierto y oscuro que el reinado de Witiza, se le saca del club en el que está marginado y se le da la oportunidad de triunfar en otro, al cuarto día ya no vale el contrato firmado.
No hay compromiso menos respetado que el signado por los futbolistas. Es cierto que en los clubes, en ocasiones, hay diferencias en lo tocante a los salarios porque no siempre quien es más eficaz recibe el mejor sueldo. Ocurre, sin embargo, que las mejoras que se exigen no tiene correspondencia con el hecho de la oportunidad concedida. Juan Mata llegó despreciado por el Madrid. Si siguiera allí, probablemente, sería suplente, y como mucho, titular en el Castilla. El Valencia le ha catapultado a la fama. Gracias al Valencia es jugador importante y, sin duda, sus emolumentos no son los de un internacional, pero la presión de su papá también es improcedente. El padre de Mata está jugando con la posibilidad de que el Barça desee tenerlo en sus filas. En casos como éste a los dirigentes les falta valor para tomar decisiones consecuentes. El padre no tiene otra salida que acudir al club con dinero en mano. El Valencia se quitaría de encima el problema del papá, quien siempre incordiará desde la bambalinas, y contaría con Vicente, quien si se recupera físicamente es mejor jugador, y Jordi Alba, quien apunta alto.