JOAQUÍN CATALÁN
Me refiero al Puerto de la Cruz, no a la lamentable y muy censurable actuación del séquito de seguridad del presidente Zapatero con los periodistas que cubren su estancia en la isla de Lanzarote. ¿Por qué la censura -insisto- en el gobierno de la bella ciudad turística norteña? Cierto es que el municipio lleva años luchando contra corriente y que precisa actuaciones urgentes y enormes inversiones que le restituyan como ejemplo internacional en la gestión turística, algo de lo que todos nos sentimos orgullosos en las décadas de los ochenta y de los noventa, pero no, no es eso. Se trata de política pura y dura, de politiqueo censurable y deleznable.
En las últimas elecciones, los socialistas ganaron en las urnas por mayoría simple, liderados por Lola Padrón, actual alcaldesa, y los nacionalistas y los populares, las filas de Marcos Brito y Eva Navarro, perdieron un escaño cada uno. Aún así, el PSOE firmó un extraño pacto con el PP cuya vigencia no alcanzó los dos años. Ahora, CC y PP trabajan en la presentación de una moción de censura a la alcaldesa para gobernar en comandita con el tándem Marcos Brito-Eva Navarro -se aborrecen- al frente. He aquí, magia, que intercede Paulino Rivero para tejer una operación consistente en reeditar el pacto CC-PP con el primero como alcalde y ella desempeñando funciones de concejala. Sin embargo, la edil popular se comprometería a permanecer en el Ayuntamiento sólo tres meses, transcurridos los cuales ocuparía un puesto en el Gobierno de Canarias. Si es verdad, es lamentable. Hasta tal punto que la estrategia ha dividido a las huestes populares y ha irritado a numerosos nacionalistas del Puerto. Así me consta por algunas cartas recibidas en esta Redacción.
Ansias de poder es lo que buscan, no el progreso de la ciudad o el bien de los ciudadanos.