PEDRO MARRERO SICILIA
Eenry Louis Gates, respetado profesor negro de la universidad de Harvard, catedrático de Estudios Africanos en la misma, olvidó las llaves de su domicilio a la vuelta de un viaje y no pudo entrar en su casa por la puerta principal. Esto, en sí mismo, no es noticia. Encaja en sucesos cuando este profesor quiso entrar en su vivienda forzando alguna entrada, alguien llamó a la policía que le detuvo y le esposó de inmediato, aun habiéndose identificado el catedrático, de raza negra como se ha dicho, y demostrado que aquélla era su propiedad. La detención se produjo por "alterar el orden público". Es muy posible que los norteamericanos, blancos o negros, juren en arameo cuando se ven en una situación así. Comprensible, ¿verdad? Tanto como pareció ser este hecho al presidente de los EE UU, Barack Obama, que trasladó el suceso a las primeras páginas de todo el mundo cuando tildó de "estúpida" la actuación policial, sin paños calientes ni medias tintas. Ese comentario sentó como una patada en los bajos de muchos neo racistas estadounidenses que pusieron el grito en el cielo al comprobar el tamaño y el color de las pelotas que usa Obama. Ni siquiera el jefe de policía, un tal James Crowley, se disculpó; es más: afirmó que "Crowley nunca se disculpa".
Uno recuerda las películas racistas donde un grupo de granjeros, terratenientes, poderosos, delincuentes, gentes de bien, ricos hacendados y hombres de negocios, se reunían frente a una cruz en llamas, se ponían una vestimenta blanca imitando a los fantasmas, cubrían sus rostros con la capucha y se agrupaban bajo las siglas KKK: Ku, Klux, Klan; estas siglas fueron adoptadas tras la guerra de Secesión en 1865. Procede del griego Kuklos (círculo) y se le añadió Klan con "K" para darle más notoriedad. Luego se decidió separarlo en las tres palabras conocidas. Los miembros, que alcanzaron a ser varios millones, tuvieron altibajos, pero su racismo lo descargaban en la población negra, a la que perseguía y asesinaba bajo la tolerante mirada de algunas autoridades de la época.
Hoy, el KKK tal vez no se ponga capucha blanca, ni utilice la cruz ardiente para sus corros y reuniones; tal vez no sean tan numerosos como en el siglo XIX, pero a la vista está que el racismo sigue presente en los EE UU. Hemos visto persecuciones a hombres negros y cómo se le tiran encima media docena de fornidos policías blancos que lo vapulean sin piedad. Escenas de violencia contra gente de raza negra, muchas, las que se ven por la tele y las que no, pero que existen. Sin embargo, en España, para encontrar un par de pelotas de ese calibre hay que buscar con lupa. A ver si Diego, "El Cigala" compone una canción que en vez de "Lágrimas..." se titule "Pelotas negras" en homenaje a la valentía de un hombre capaz de decir lo que ha dicho. Valdría la pena.
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