ELFIDIO ALONSO
Cada cuatro años la denominada Bajada de la Virgen de los Reyes despliega durante el trayecto procesional un repertorio musical de extraordinario valor etnográfico que interpretan de forma exclusiva tres grupos de instrumentos: chácaras, pitos y tambores. A través de ellos, y durante largas horas de baile y caminata por los antiguos caminos reales, todos los que participan en el cortejo se mueven y actúan al son que marcan los citados instrumentos, que pertenecen a las más arcaicas especies organológicas que haya podido ir creando el hombre al compás inapelable del paso de los siglos.
Veamos entonces de dónde vienen y qué camino han tenido que recorrer las chácaras, los pitos y los tambores, para así poder entender el valor de su vigencia y cuáles son sus características más relevantes en función de tan insólita contribución a un rito festivo que cada vez se encuentra más cerca de alcanzar los tres siglos de antigüedad. Que no es poco.
Tambores.- Procede del persa tabir, en francés tambour. Es el más popular de los membranófonos (el sonido se obtiene a través del golpeo o tañido sobre una membrana) y está construido de madera o metal, hueco, generalmente de forma cilíndrica y cubierto en sus extremos por dos membranas o parches. Con esa forma de tambor o de barril ya es posible encontrarlo 2.000 años antes de Jesucristo, en Asia Menor, como antecedentes del prototipo que luego conocieron Grecia y Roma con el nombre de symphonia.
Cervantes ya emplea la voz tambor en El Quijote, para designar el instrumento de caja grande, común en las procesiones religiosas donde participa muchas veces como único instrumento abriendo la comitiva.
Por lo que se refiere a la Bajada herreña, Juan A. de Urtusáustegui ya se refiere en su crónica de 1779 a estos instrumentos musicales (hasta la fecha, la primera referencia escrita conocida), cuando nos dice que "bailaban al son de cierto guinso o tambor y flauta, cantando en este ínterin endechas o corridos con mucha gracia", tal vez como referencia a los antecedentes musicales y coreográficos del famoso tango (el baile de tres), otra de las grandes reliquias actuales del apasionante folclore herreño.
En cambio sí resulta perfectamente identificable el ritual que siguen los bailarines en la Bajada que se celebra cada cuatro años y que Urtusáustegui denomina Romería de la Virgen: "...lo que más admira son las danzas que forman delante de la imagen que va en un sillón cubierto, desde que sale de su ermita; siendo menos fuertes los hombres que las mujeres en este ejercicio, pues hubo algunas en esta ocasión que yo asistí, del mismo modo que en otras, que en las seis leguas no cesaron un instante de bailar; cosa increíble a quien no hubiera sido testigo; y más que van descalzas, y que en sus vueltas, avances y retiradas aumentan 2 ó 3 leguas a aquella medida, sin parar ni aún cuando se hace alto como media hora en la cumbre".
Como es fácil deducir, tal descripción responde con exactitud a todo el ritual que se sigue practicando en la reciente Bajada del pasado día 4 de los corrientes. Nada sobra ni nada falta. Parece claro que la incorporación de la mujer no es conquista reciente, como tampoco lo de andar y desandar el trayecto por parte de los danzantes, que tanto llamó la atención de Urtusáustegui. Documentado históricamente el empleo del tambor (los mayores membranófonos con que cuenta la rica organología canaria), trataremos en sucesivas entregas de la evolución seguida por castañuelas y flautas en esta singular celebración herreña.